LOS ÁNGELES DE LA MUERTE

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  LOS ÁNGELES DE LA MUERTE

Los ángeles de la muerte

volaban esa mañana

pintando de lutos negros

los tejados de las casas.

El cielo, roto en girones,

de nubes grises y blancas

sollozaba  sus silencios

en azul verde de agua.

El niño estaba jugando,

a cazar sombras en casa;

¡ No salgas,niño, no salgas

que tu muerte está anunciada!

Los ángeles de la muerte

llevaban túnicas blancas.

¡No salgas de casa niño,

que te robarán el alma!

¡No salgas, niño, no salgas!,

le repetía la mañana.

¡Si sales fuera te irás

por el camino del agua,

por el sendero del pozo,

hasta la tierra sagrada.

Juega a cazar mariposas

azules verdes y blancas…

a coger rayos de sol,

a pintar estelas claras

sobres nubarrones negros,

¡pero no vayas, no vayas….!

En el pozo de la huerta

los ángeles se paraban.

El niño los abrazó

en los espejos del agua.

En el tambor de la iglesia

tañe a muerte la campana,

mientras los rayos del sol

pintan lágrimas de plata.

Repican a gloria, gritan

las comadres enlutadas,

porque un niño se ha ido al cielo

desde el pozo de la casa.

Lo girones de las nubes

vierten lágrimas de lástima

mientras los ojos del niño

miran, sin ver, la mañana.

Los ángeles de la muerte

vuelven sollozando a casa;

agarrado de sus manos

el niño los consolaba.

El viento silba canciones

que se enredan en las ramas,

mientras por el cielo pasan

preñadas, las nubes blancas.

¡ No salgas, repite el eco,

no salgas, niño, de casa !

Los ángeles de la muerte

pintan de luto sus caras.

Manuel Pablos.

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