ZORONGO ( Segunda parte)

Y sentándose en la espiral de mi libreta, comenzó:OLYMPUS DIGITAL CAMERA
“ Había una vez, en un lejano país, un rey que tenía una verdadera pasión por las
rosas. Tal era su amor hacia estas flores que ordenó que en todos los jardines de su
palacio se sembraran rosales por doquier. El jardinero mayor de palacio, sembró unas
rosaledas en combinaciones de gracia y coloridos tales, que todos quedaron
impresionados por su sabiduría.
Cuando la primavera lució sus mejores galas, las rosas brotaron llenas de vida, frescas
y hermosas y con tales combinaciones de colores que el rey se pasaba extasiado horas
y horas viendo como se abrían los delicados capullos, como resbalaban a través de los
hermosos pétalos gotitas de agua que, al ser alcanzadas por los rayos del sol producían
destellos de cien mil tonalidades distintas. Hasta los pajarillos se paraban a admirar
tanta belleza y, como si quisieran dar gracias al Creador, lanzaban al aire en
inimitables arpegios sus delicados trinos. ¡ El rey era feliz!
Pero un día en el que, como tenía por costumbre, admiraba sus rosas, observó con
verdadero horror, como los pétalos de la más hermosa de todas comenzaba a teñirse
con una fea sombra amarillenta. De inmediato hizo llamar a su jardinero y le dijo:
– ¿Cómo es posible que seas tan necio?¿No te ordené que cuidaras bien mis rosas?
¡ Mira ese pétalo, el de la rosa más hermosa, se está muriendo!
– Pero majestad, dijo el jardinero bajando humildemente los ojos hasta el suelo, eso
tiene que ocurrir.
-¿Qué quieres decir con que eso tiene que ocurrir?, le gritó el rey indignadísimo.
¿ Acaso vas dejar que todas mis rosas mueran, vil asesino?
_ Os aseguro, majestad, que las cuido con verdadero mimo. Sin embargo, las rosas, al
igual que todos los seres vivos, han de morir…
-¿ Qué dices, inconsciente?. ¡¡Yo soy el rey, y como rey que soy ordeno que mis rosas
no deben morir jamás!!. ¡¡ Como veo que eres incapaz de cuidar bien mis jardines, a
partir de hoy los cuidaré yo mismo. En cuanto a ti, partirás mañana mismo para el
destierro!!.
Y tal como lo dijo, lo hizo. A partir de ese dia fue el propio rey quien cuidaba de sus
rosales. Pero poco a poco las rosas se fueron secando y toda la gracia que el jardinero
había creado se marchitaba lentamente. El rey no podía entender que era lo que
pasaba, así es que mandó venir a palacio al hombre más sabio de su reino y le habló
así:
– Tú que lo sabes todo, ¿puedes decirme por qué se secan mis rosas?
– Porque no las cultiváis bien, le respondió el sabio
-¿ Cómo que nos las cultivo bien?¿Acaso no las admiro a diario, igual que antes?¿No
las riego de vez en cuando?¿No les hablo y les digo cosas bonitas para que estén
contentas?.
-Veréis, majestad, dijo el sabio. Las rosas necesitan unos cuidados que habéis de
dispensarles cada día, si queréis que vuestros jardines sean espléndidos. Debéis bajar
cada día a vuestras caballerizas, antes de la salida del sol, recoger el mejor estiércol de
vuestros caballos, esparcirlo entre los parterres, removerlo bien con una azada y
mezclarlo con la tierra, delicadamente. Luego debéis regar la tierra durante un buen
rato…
-¡ Pero yo soy el rey, le interrumpió éste con aspereza, y no quiero hacer esas labores,
indignas de mi alcurnia!
-Entonces, majestad, temo que vuestras rosas morirán irremediablemente. Pensad:
¿puede un jardinero tener flores bellas si no se ha molestado en cultivarlas?
10
Y, efectivamente, tal como el sabio predijo las rosas murieron muy pronto, y aquel
jardín que un día fuera la admiración de todo el mundo, se transformó en una
impenetrable selva en donde crecieron en completo desorden
toda clase de matojos, espinos y zarzales.”
– Muy bonito, dije yo , sin demasiada convicción.
– No lo has entendido, ¿verdad Xavi?, me dijo Zorongo.
– No mucho, la verdad. ¿Qué tiene que ver este cuento con lo que hablábamos antes?.
-Es muy sencillo. Tu decías que no te gustan las matemáticas, que el inglés es un rollo,
que ninguno entiende el castellano, pero…¿ te has esforzado alguna vez en regar tus
rosales, en entender las cosas?
– ¿No me digas que yo, Xavi, soy el rey de tu cuento?.¡ Jolines, que
chuli…Yo, Xavi, mi majestad el rey…!
– ¡No se dice mi majestad, se dice su majestad! Y sí señor, lo has adivinado. Tu eres ese
rey. Tus cualidades son tus rosas y el jardinero que las cuida han sido todas las
personas que se han esforzado por enseñarte lo que has de hacer: tus padres, tus
abuelos, tus familiares, tus maestros, tus amigos…y si no les has hecho caso es como si
los hubieras ido desterrando, uno a uno a todos ellos!, me dijo Zorongo con tristeza.
– ¡Pero yo no he desterrado a nadie!, repliqué un poco molesto.
-¡Cada vez que te empeñas en no hacer lo que sabes que debes hacer; cada vez que das
una mala contestación a tus padres, cada vez que te enfadas y replicas y chillas y pegas
y…estás desterrando a un jardinero.!, dijo con voz muy suave.
Y mirándome directamente a los ojos, Zorongo siguió hablándome con tal sinceridad,
con tal poder de convicción, que no podía por menos de escucharle con todos mis
sentidos pendientes de sus palabras.
– Cultivar tus rosas, continuó, no siempre es fácil. A veces sentirás que debes hacer
cosas que no te gustan. Otras veces verás como alguna de tus rosas se seca. No debes
preocuparte por ello. Continúa cultivándolas. Donde una rosa se seca nace al poco
tiempo un brote nuevo. En la primavera verás resurgir de él una rosa tan bella, tan
perfecta, que nunca habrás visto otra igual. Será tan perfecta como tu quieras que sea.
¡Pero si en vez de cuidar tus cualidades, dijo en tono amenazador, te sientes tan
importante como el rey y las abandonas, abrojos y espinas se apoderarán de tu jardín.
El desorden y las malas costumbres se apoderarán de ti y lo que pudo ser un bello
rosal, se transformará en una selva impenetrable!.
No supe que responderle. Miraba aquel pequeño personaje sin verlo, ausente de la
realidad. El silencio de la clase caía sobre mí como una pesada losa. Zorongo me había
desarmado.
-Creo que es hora de marcharme, dijo. Tengo muchas cosas que hacer.
– ¿Adonde irás ahora?, pregunté.

-A todos los sitios y a ninguno, me respondió. Ojala pudiera decirte adonde voy, pero
ese es mi destino, no saber nunca ni de donde vengo ni adonde he de ir. ¡Yo, que soy
tan viejo como el mundo, que he sido capaz de crear obras tan bellas como los cuadros
de Miguel Ángel, las esculturas de Fidias, los palacios de Versalles, las catedrales de
Salamanca, ; que he dado grandiosa sonoridad a las sinfonías de Wagner, a los
nocturnos de Chopin, a las arias de Puccini,a los poemas de Juan Ramón, a la narrativa
de Aulell,a la lógica matemática de Pitágoras, a los transbordadores que llevan los
hombres al espacio, soy también el más terrible de los seres. Yo he matado a miles de
hombres, he arrasado ciudades e incluso naciones enteras, he creado todos los
conflictos que ha habido en el mundo, todas las armas de la destrucción .Por mi culpa
mueren cada día millones de seres humanos en muchos lugares de la tierra. Porque yo
soy un genio, un poeta, un pintor, un arquitecto, un primer ministro, un afamado
cirujano; pero soy también un ladrón, un asesino, un… ¡Dios mío,¿ por qué me has
dado tanto poder?; ¿ por qué me has condenado a vivir eternamente?!.
Gruesos lagrimones resbalaban por la cara de Zorongo. Sus destellantes ojos negros,
como las aceitunas, estaban fijos, inmóviles, mirando hacia el infinito. Desvié mi
mirada hacia la ventana, para no ponerme a llorar. Seguía nevando, pero los copos de
nieve no me parecieron ahora tan bellos. Dos o tres gorriones, medio muertos de frío,
cruzaron raudos el cielo plomizo y desaparecieron tras el alero del tejado. Cuando
volví la vista, Zorongo ya no estaba. Con trazos increíblemente perfectos había escrito
unas palabras en mi libreta :” Adiós, Xavi. Ya sabes que soy tu amigo. Cuando me necesites, llámame. Yo soy Zorongo, tu imaginación. La imaginación de todo el mundo,”

Manuel Pablos
Mayo 2011

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