LOS GUERREROS DEL PÁRAMO

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LOS HOMBRES FUERON LIBRES

Homenaje a Tasio Ayuso, el último caído, y a  todos aquellos guerreros del páramo que un día se enfrentaron a la injusticia, al caciquismo, la opresión consentida y el hambre, levantaron la cabeza orgullosamente y nos marcaran el camino de la libertad. Como lo hicieron Arístides, Sabas  y todos los demás que están en esta foto y de cuyos nombres no tengo memoria .Algunos sucumbieron en el intento, otros murieron siendo hombres libres, con la mirada puesta en las estrellas. Para todos ellos, mi gente, mi cariño, mi agradecimiento y mi reconocimiento  a una labor bien hecha, gracias a la cual muchos de nosotros conseguimos ese arte tan valioso que se llama vivir .

In memoriam.

La piqueta de Tasio quedó muda,

la llana deslizó su pena y llora

porque la mano que marcó sus horas

en las paredes crudas, ha callado.

Enmudecieron hasta los tejados

viendo al hombre vencido caer al suelo;

el viento lo lloró con desconsuelo

cuando la tierra madre le dio amparo.

Atrás quedaron triunfos y fracasos,

auroras rotas al nacer el día,

ilusiones, amores fantasías…

La tierra lo tapó con su regazo,

la luz, roto el color, enmudecía

cuando enganchados en un tierno  abrazo

los dos en uno solo se fundían.

Tasio creció mirando la llanura

que marcaba sus noches y sus días,

sus espacios de luz, las melodías

de los jilgueros en las zarzamoras,

los soles, las heladas, las auroras…

Dejó girones entre los zarzales

de un alma atribulada por la pena

y pagó, como todos, la condena

de vivir para hacernos inmortales.

De la nada salió, porque en la nada

le tocaba vivir, como a los otros.

Destetaban las yeguas a los potros

por el hambre heredada de otros tiempos.

Abierto el costurón del sentimiento

el hombre mató al hombre y a la idea;

se volvieron tempestades los vientos,

las tempestades parieron peleas,

dolor, envidias y resentimientos.

La Tierra desertó de ser la madre

condenado a los hijos al destierro.

Callaron la razón, sacaron hierro,

y cambiaron los panes por el hambre.

Los campesinos fueron un enjambre

de obreros doblegados todo el día.

Los zánganos zumbaban fantasías

bebiéndose el sudor de mucha gente.

Los hombres engrosaron el torrente

de oprimidos, leales y chivatos,

se salieron de madre los regatos

de la consigna, el miedo y la paliza,

sucumbieron al salario barato

aprendieron a regalar sonrisas

disimulando así los arrebatos,

hasta que el alma se quebró en mil trizas.

Pero entonces, saliendo del rebaño,

unos cuantos rompieron lo sagrado,

reventaron la idea, la quemaron,

mataron al esclavo y, uno a uno,

dejaron la abstinencia y el ayuno

y  sacando la fiera del coraje,

casi desnudos y sin equipaje

empezaron a ser como querían.

Hicieron de su vida fantasía,

un sueño perseguido, una quimera…

rompieron las cadenas con tijeras

forjadas en las fraguas de los llantos;

cayeron los temores, los espantos,

los caciques, los amos, los quebrantos.

Ganaron con esfuerzo y con trabajo

la pelea a la vida y, sin costuras,

libres por fin de tantas ataduras

gritaron: ¡libertad!. De los badajos

de todas las campanas nació el eco

de un tiempo nuevo, de una nueva raza.

Algunos emigraron de sus casas

buscando nuevos horizontes,

traspasaron los linderos del monte

y se fundieron otra vez en masas.

Otros plantaron cara a la corriente,

dijeron que esta tierra era la suya,

y con su condición de buena gente

aguantaron de pie, no sucumbieron.

Tasio Ayuso ,ejemplo de hombre entero,

se quedó aquí, en su tierra para siempre.Raices de un roble 3

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