LOS TIEMPOS DE LA ACHICORIA ( Se vende campo)

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La gente viajaba poco porque los medios eran escasos. Era el tiempo de los carros tirados por bueyes, caballos, mulas o burros… y de la tartana del tío Federico.

 

Creo recordar que el tío Federico, que vivía en la casa donde vive actualmente Bene, era algo así como un pequeño terrateniente que vivía de rentas, porque yo nunca lo conocí trabajando. Era un hombrecillo bajetillo, calvo, con un bigotillo hirsuto y ralo, a lo  Errol Flynn, que era un artista de moda en aquellos tiempos, corto de pernera y miope, que se paseaba pomposamente al atardecer en una tartana decimonónica, cuando el sol ya no calentaba, acompañado de su mujer y de su hija, haciendo sonar el cascabeleo de la cabezada de un pequeño caballo, acorde con su estatura, por los caminos del pueblo, viendo como los labradores y los hortelanos regaban con su sudor las tierras de las que sacaban el pan. El resto del tiempo debía invertirlo en descansar, charlar con el médico y el cura y echar la partida debajo de la higuera del molino o en el casino de Matías, el Mayoral, con las “fuerzas vivas” del pueblo, el cura, el médico, el secretario, Fornos, Manolo el Patito, el tío Cuco y el tío Jaro, vamos, de los más trabajador que había en el pueblo.

 

El resto de los mortales, menos el secretario que tenía un coche Austin, creo recordar, de color negro, viajaba a lomos “de mula vieja”, como decía Antonio Machado en sus poemas, es decir, en burro, en caballo o en mula.imgres

 

Manolo el Patito tenía un pequeño coche de línea, lo tuvo durante muchos años, que hacía el trayecto Topas-Salamanca por la mañana y el contrario por la tarde; para poder viajar con seguridad había que solicitar la plaza con días de anticipación, porque si se llenaba ya no subía nadie más. Tenía una baca donde se colocaban los bultos más grandes, mientras que los pequeños, los más comunes eran las cestas de mimbre con un cierre metálico donde los campesinos guardaban todas sus compras resguardadas de las miradas de los indiscretos, paseándolas durante todo el día por las calles de la ciudad.

 

Pero excepto los días especiales de la Feria de Septiembre y si acaso un acontecimiento familiar importante o una visita al hospital, o para ir a la mili, la gente apenas salía del pueblo. Era raro oír contar las historias de alguien que había ido fuera del límite de la provincia. En mi libro Piruetas, hay un apartado que relata como el abuelo Cuco vivió un viaje extraordinario en su vida, como fue ir a África a recoger los enseres que tenía un hermano suyo que era Capellán Castrense, o sea cura del ejército, y que murió, creo recordar, en  Ceuta. El abuelo, más o menos, lo contaba así :

 

… “— ¿A que tú eres muy listo, abuelo?.

 

— ¡Quía !…, no creas.” Pa” listo un hermano mío

 

que ya se murió. Si sería listo que a los treinta años

 

era ya Rector del Seminario de Salamanca. Y sabe

 

Dios donde hubiera” llegao” si no se muere. Por lo

 

menos a obispo, pero se murió y se jodió Triana .

 

— ¿Y luego, qué?— volvió a preguntar el niño.

 

— Pues luego nada. Que como estaba en África,

 

allá me tocó ir a mí, a recoger sus cosas. Y bien putas

 

las pasé al pasar el estrecho.

 

— ¿Que es pasar el estrecho, abuelo?

 

— Mira, el estrecho es un mar muy grandísimo,

 

que tiene mucha agua, tanta agua que de un lao al

 

otro ni se ve la tierra.

 

— ¿Y es muy hondo?

 

— Vaya si es hondo. Fíjate si será hondo que vas

 

subido encima del barco, te asomas al agua y no se

 

ve el “ hondón”.

 

— ¿Es más hondo que el pozo de la Baja?

 

— Mucho más, hombre, mucho más. Y mucho

 

más hondo que entre todos los pozos de este pueblo

 

juntos. Y además el agua es salada y no se puede

 

beber, porque sabe a rayos.

 

— ¿Y qué pasa si se hunde el barco?

 

— Pues nada, que si se hunde el barco se ahoga

 

“to Cristo “, porque lo que es con tanta agua…¡ni los

 

que saben nadar !.

 

— ¿Tú sabes nadar, abuelo?

 

— Yo sí, pero poco…

 

— Pues menos mal que no se hundió el barco,

 

porque sino… “¡se jodió Triana” !

 

—¡Oye, mocoso, que eso no lo dicen los niños,

 

sólo los grandes !

 

— ¿Y cuando sea grande lo puedo decir?.

 

— Cuando seas grande… ya veremos, que todavía

 

te quedan muchos años para ser grande y pueden

 

`pasar muchas cosas.

 

— Oye, abuelo, y si no se ve la tierra en el mar,

 

¿cómo saben los del barco adonde tienen que ir?

 

— Pues porque ya han ido muchas veces… ¿O es

 

qué no sabes ir tú a las eras?

 

 

 

— Yo sí.

 

— Pues ellos, lo mismo…

 

 

 

Muchos campesinos, acuciados por el hambre, la miseria y la falta de recursos y perspectivas, tuvieron que ir a trabajar al extranjero en condiciones, a veces, lamentables. No conocían el idioma, no conocían la cultura del lugar a donde iban, no tenían recursos, muchos apenas sabían leer y escribir y la obra o el campo o la fábrica, era su única oportunidad. Viajes interminables en autocares desvencijados, en trenes obsoletos e incómodos, les alejaban del lugar donde siempre habían vivido, con el alma rota por la nostalgia de los padres o de la mujer y los hijos que dejaban en el pueblo, para intentar en un desespero doloroso ganar algo de dinero que les permitiera salir del abandono y la miseria en que les había sumido una cruel dictadura que  asfixiaba a los pobres más de lo que ya estaban, para hacer más ricos a los ricos . Y aunque en muchos casos las condiciones de trabajo eran tan lamentables como las que tenían en el pueblo o peores, porque muchos se tiraron durmiendo en barracones de obra años enteros, la perspectiva de ganar un sueldo que les permitiera “levantar cabeza”, cosa que en el pueblo no era posible, les alentaba a marcharse casi con lo puesto a la aventura de Alemania, Francia o Suiza con el corazón encogido, pero con la esperanza de conseguir un mundo mejor. Algunos lo consiguieron y a base de privaciones y ahorros, unos años más tarde, pudieron empezar a vislumbrar una nueva vida, inicio de una era nueva que a lo largo les hizo sacudirse el yugo al que estaban destinados para, empezando de cero, con su esfuerzo y su sacrificio, comenzar a ver horizontes de prosperidad.

 

Otros, los que tuvieron peor suerte o no supieron medir el tamaño del dinero, volvieron como se habían ido, con la cabeza baja y la esperanza hecha trizas.

 

Y fue en ese tiempo cuando apareció por todas partes el cartel “SE VENDE CAMPO”.

 

Las gentes se levantaron un buen día y se dieron cuenta que aquellos que vendían el rollo del progreso social del campo, lo único que les habían dejado en realidad era una carga de hijos, consecuencia de la educación recibida, una miseria de sueldos, los ojos sin mirada, más allá de sus propias narices y las ciudades de los muertos que, a medida que se despoblaba el pueblo se llenaba de nuevo en los camposantos. Al amanecer de un día cualquiera, de un mes cualquiera, de un año cualquiera, recogieron lo poco que tenían, lo guardaron en las maletas de la esperanza y se marcharon a engrosar las colmenas de las ciudades, hacinándose en pisos de juguete, con ventanas de juguete, habitaciones de juguete, retretes en los pasillos y escaleras interminables…

Pero se les habían abierto los ojos y comenzaron a soñar, cada uno de una manera diferente, en mundos imaginarios que estaban llenos de sentimientos encontrados, de alegrías de llantos, de objetos apetecibles que quizás, algún día no muy lejano pudieran ser suyos y acuñaron la palabra LIBERTAD. Y cuando sus ojos se despegaron se su propio yo interior y fueron capaces de mirar a los otros de tu a tu, se dieron cuenta que esa misma palabra estaba escrita en los ojos de los demás, por encima del tiempo viejo vivido con pena y miedos, por encima de las consignas del amo que acojonaba,por encima del cansancio extenuante  que no dejaba pensar. Y fue entonces cuando levantaron los brazos con la rabia escrita en el puño cerrado, miraron desafiantes al cielo y creyendo haber entendido el significado de la palabra se dejaron caer extenuados al suelo y lloraron sobre la tierra foránea todos los llantos contenidos en ríos interminables de lágrimas agradecidas… ( continuaráluna llena sobre ciudad

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3 pensamientos en “LOS TIEMPOS DE LA ACHICORIA ( Se vende campo)

  1. Qué descripción más perfecta, estos relatos nos transportan a esos tiempos…. Que esperemos no tengamos que volver.
    Gracias por darnos la oportunidad de poder leerlos.

    Viges Calzada

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    • Muchas gracias, Viges. Yo he de daros las gracias a todos los que leéis mis escritos, sobre todo si sois gente de mi pueblo, o tenéis familia en Topas.Los tiempos fueron duros y a quien les tocó vivirlos más o menos, como yo los describo, les creó un sentimiento en el alma difícil de olvidar.Estoy escribiendo el regreso amargo de muchos de los que se fueron, cuando volvieron con las manos vacías y con las ilusiones echas trizas. Lo publicaré pronto. Gracias por tus palabras
      Un cordial saludo
      Manuel

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