DOS AMANTES O LA PLENITUD DEL AMOR

AMANTES

Amor, cuando me niegas

tus instantes más puros

abres en mí una herida,

un surco tan profundo,

que si al mundo lo hicieras

traspasarías el mundo.

Amor, en noche virgen

de claro plenilunio

desnudaré tu cuerpo,

tu cuerpo blanco y puro

y los astros del cielo

lo mirarán desnudo.

Descubriré sin prisas

tus lugares ocultos

bajaré hasta tus simas,

treparé por tus muslos,

con avidez constante

beberé tus susurros.

Hollaré con mis manos

tus pechos impolutos

que se abrirán al cielo

como tiernos capullos.

Profanaré, sacrílego,

los templos diminutos

de tus pechos erguidos;

cuando me sienta impuro

beberé de tus labios

el elíxir oculto

y luego, muy despacio,

los dos seremos uno.

Traspasarán la noche

los gritos y susurros

que nacerán del rito

de los cuerpos desnudos

y ascenderán, cadentes,

borrados, inconclusos;

enlazarán con gritos

surgidos de otros mundos

y en fraternal abrazo,

en abrazo profundo

viajarán los arpegios

por lugares ocultos…

Cuando el albor primero

perfile el pardo surco,

volveremos felices,

cansados, diminutos.

Amor, cuando me ofreces

tus instantes más puros

abres en mí un reguero

de cauce tan profundo

que, medido a lo ancho,

en límite absoluto,

sería, si tú quisieras,

tan ancho como el mundo.

M.Pablos

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