Homenaje a Inma Rodrigo

Acaban de darme la noticia  que  la que fuera durante muchos años mi compañera de profesión y mi amiga Inma Rodrigo, ha fallecido víctima de un cáncer, maldita palabra, que llevaba padeciendo hace algunos años. En su recuerdo, publico hoy unos versos que nunca había publicado. Los escribí hace 27 años, cuando murió mi madre. Solo mi familia los había leído hasta hoy. Van por tí, compañera. ¡Que el Dios misericordioso te haya devuelto la vida, te haya llevado a Su Luz!

   Llanto por una madre

la luna estrella

La enfermedad

La muerte estaba a tu lado,

la tenías por compañera,

la veías, la veías,

pero no querías verla.

Llegó de pronto, silbando

canciones de otras estrellas,

se metió por tu cintura,

sembró tu cuerpo de perlas…

poco a poco, en tu silencio

te hiciste su amiga eterna.

Y señora de tu vida,

bestia de fogosa testa,

 ” trotó en sonora fanfarria

 de espuelas y de herramientas… ” *

 

Yegua de andadura mansa,

rompió de pronto sus riendas

y pisoteó tus campos

difuminada en su niebla,

y deshizo  tus jardines

y destrozó tus macetas

llevándose por delante,

con ella, tu vida entera…

¡Y tu la viste, la viste,

pero no quisiste verla. !

                           

La muerte

Más la muerte tuvo envidia

de tus nobles sentimientos.

Te visitó hacia la aurora,

habló contigo un momento,

te dijo : “- ¡ Vengo a buscarte !”

Tu le respondiste : -“¡ Bueno.

Mi misión está  cumplida,

ya di todo lo que tengo

y a quien ya no tiene  nada,

sólo le queda el silencio  !”

La Amarga tapó su cara

con su manto verdinegro,

avergonzada, seguro,

de sus malos sentimientos

y se retiró, burlada,

a su lugar, sempiterno.

Cuando regresó a buscarte…

tú esperabas sonriendo.

¡ Qué cerca estabas de Dios,

qué cerca en ese momento !.

El velatorio

­Despacito, despacio,

guardad silencio,

se ha quedado dormida,

sueña con los luceros .

­¡ Mirad su cara ! :

¿ no la veis sonriendo

con la sonrisa dulce

de un noble sueño ?…

¡Despacito, despacio,

guardad silencio,

que no despierte nunca,

que su sueño sea eterno !.

                         

El entierro

Cuando partiste en el viaje,

para ti definitivo,

sonaba música rota

en las arpas de los grillos.

El sol iba sollozando

por el azul infinito.

Lloraba la luna llena

rayos de azul en los mirtos.

Era el otoño. Las hojas

del dorado tamarindo

por acompañarte, iban

viajando muertas, contigo.

Lloraban tus ojos yertos

y mi corazón, vacío,

no encontraba tus caricias

vagando solo, perdido.

                           

La añoranza

Desde que te marchaste

mi mundo no es el mismo:

los cielos azulados no son cielos

ni plateada el agua de los ríos

ni argentinas las voces

de los alegres cantos de los niños.

La sombra de la pena

empaña los resquicios

del alma atribulada por la duda

en las palabras de quien ayer dijo :

” ¡ Hay que amar a los otros

cual si los otros fueran uno mismo !”

Te busco en los oscuros,

te intuyo en los vacíos,

adivino tu risa en los espacios

de los abiertos cielos infinitos…,

pero cuando te encuentro

eres la soledad y yo no existo.

Mas comienzo de nuevo

en torpe recorrido,

quemando trozos vírgenes del alma

con el fuego implacable del espíritu herido,

en un silencio mineral que arrastra

unas ideas vagas de un incierto destino.

El viento trae y lleva

los recuerdos idílicos

que cruzan las barreras de la mente

cual ajados esperpentos oníricos

y golpean el paso de las horas

con un brutal y largo escalofrío.

Y al igual que brotara

en cascada de vidrio,

su luz terrible mata el desengaño,

difuminada en esperpento cínico

que, deshecho, se pierde

entre la bruma de un  dolor antiguo…

En remanso, la pena,

como el pulso en el arpa, detenido,

en torrente de lágrimas transforma

el dolor de un  espíritu afligido

y, lavada de lluvia generosa,

tu estatua de jazmines encendidos

se yergue palpitante

en un gesto vivísimo,

devuelve las ideas a la idea,

el dolor al profundo del abismo

del alma atribulada…,

y la serenidad torna al espíritu.

Desde que te marchaste

el mundo no es el mismo,

pues la mente revuelve los recuerdos

cual huracán, cual loco torbellino

cual tormenta, que alocada confunde,

locura, lucidez, dolor, realismo.

M. Pablos

* Versos de Miguel Hernández

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