Instante de amor puro

Anoche, cuando este poema ya había sido publicado, vi a través de las noticias de la Televisión una vez más, con el horror que produce la incredulidad, como era detenido un padre joven que se sospecha había matado a su mujer y a su hija de cinco años.Uno nunca llega a entender estas cosas;es imposible pensar que los instintos actúen con más rapidez que los neurotransmisores de la lógica y que la consecuencia sea la muerte de los seres humanos agredidos y del que agrede, que, a buen seguro, ya no tendrá jamás vida. Por eso quiero pediros un favor, a todos los que leáis este verso, pensado y escrito para la niña de esta foto y para su abuela, pero que quiero hacer extensivo a todos los padres y abuelos del mundo, porque se que en un momento de vuestras vidas, habréis sentido, sin poder expresarlo, el instante de amor puro al que se refieren estos versos, que COMPARTÁIS Y PIDÁIS QUE COMPARTAN con vuestros amigos este pequeño poema.Quien sabe si puede llegar a una de esas mentes atormentadas por la ira, el resentimiento, el despecho, la maldad… y su mente – el poder de la mente es inconmensurable-, pueda reaccionar a tiempo. Por una sola muerte que evitemos habrá valido la pena hacerlo. Muy agradecido.

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A María Calzada y su nieta, que es una preciosidad.

Mi nieta Lidia

Miré los ojos que tanto me miran

bellos como una tarde de verano

y vi dos lunas de mirada suave

iluminando con su luz mis campos..

 

 El alma henchida de emoción y mimo

acarició con suavidad su cara

y el beso desplegó mis labios curvos

para pintar lo que me dijo el alma…

 

Sentí en latir de un corazón saltando

y  unos brazos abarcando distancias

se deslizaron por mi cuello suaves

como una seda virgen, delicada.

 

Noté el broche de sus manos cerrando

sobre mi nuca, el tiempo de sus ansias,

y el beso dulce que esperaba ansiosa

 pinto en colores  de alegría mi  cara.

 

Sus labios nuevos de palabras nuevas

se deslizaron hasta mi garganta,

subieron al oído y tenuemente,

como el amante lo hace con su amada,

 

me susurró cual delicada espuma

de ola que muere al descubrir la playa,

¡ te quiero, abuela, yo te quiero mucho…!

Paré las cataratas de mis lágrimas,

 

que acudieron a mí, sin yo quererlo,

desde lo más profundo de mi alma,

y apretando el anillo de mis brazos

sobre su cuerpecillo de aguas claras

 

susurre en sus oídos el “ te quiero!”

más hermoso que nadie susurrara.

Sentí su corazón que daba brincos

y su abrazo que alegre me llenaba,

 

con sensaciones de cariños nuevos

con emociones que me desbordaban.

La magia del momento del “¡ te quiero!”

quedo por siempre en mi memoria anclada.

 

Al día siguiente, como si el contrato

de nuestro amor ella certificara,

abrió sus manos y unas florecillas

me ofreció por reafirmar que me amaba.

 

M. PablosFlores de nieta de María

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