FELIZ NAVIDAD

Feliz Navidad

 

 

 

 

 

claro de luna

 

 

 

 

 

La luna rielaba por encima de las copas de los árboles y el cielo estaba iluminado con esa luz cenital que transparentaba los objetos, proyectándolos con una cierta nitidez, como en esos sueños realistas que uno tiene a veces que, cuando despiertas, no sabes muy bien si en realidad lo que estabas soñando era corpóreo o producto de tu mente.

Podían distinguirse, perfectamente visibles, un halo de un blancor azulado que contrastaba con el azul más oscuro de un cielo cuajado de estrellas, y los rayos difuminados que llegaban hasta sus ojos con una suavidad imaginada y acariciaban sus pupilas con una suavidad de pañuelos de seda clara, que filtraba, en espasmos de realismo e ilusión el cuadro naturalista que contemplaba.

La helada dejaba sentir sus cristalinas cuchillas en la cara y en las manos, sacando brillos diamantinos en los cantos de la calle y en los charquitos, que la lluvia de la tarde había dejado como recuerdos y que ahora eran pequeños espejos opacos brillando sin lustre, en la semioscuridad de la noche.

Miró al cielo y buscó su estrella. La tenía localizada entre los millones de estrellas que pueblan el universo y muchas noches hablaba con ella. Le contaba sus penas y sus pequeñas alegrías y ella, la estrella, le hacía guiños de complicidad como si entendiera lo que le decía. A veces pensaba si estaría loca, hablando con las estrellas y nunca se lo había contado a nadie, pero cuando tras un ratillo de conversación había descargado su alma de los pesares que la afligían, suspiraba quedamente, llenaba sus pulmones con el aire fresco de la noche, se metía en la cama y dormía plácidamente.

Lejos, entre las calles del pueblo, sonaban los cánticos navideños, desentonados por los grupos de gente joven, que, como era Nochebuena, andanban rondando de bar en bar, con las botellas de licor en las manos, los turrones, los mazapanes y las frutas escarchadas, creando sus propias estrellas en la tierra, al tiempo que con las panderetas y las zambombas hacían sonar un guirigai de ruidos desacompasados, tan desentonados como los cánticos.

 

Dudaba mucho que ni siquiera se les hubiera ocurrido mirar la belleza del cielo de Nochebuena. Algunos, incluso, es muy posible que no supieran que pasó en Nochebuena.

 

Caminó unos pasos por la calle desierta, miro al cielo cuajado de estrellas de nuevo y en sus labios apareció la frase que tantas veces había dicho y había oído decir a sus amigos, pero esta vez fue consciente de que le salía del fondo del alma:

Feliz Navidad y Paz en la Tierra a los hombres de buena voluntad.

 

Luego desanduvo los pasos que había dado, miro de nuevo el cielo con su luna mágica, entro en casa, se metió en la cama y durmió plácidamente.

la luna estrella

Una estrella brillando intensamente en lo alto del cielo, encendió la ciudad con miles de lucecitas, bombillas de colores del eterno Árbol de Navidad, de miles de Árboles de Navidad, como si la Tierra entera cantara así su alegría.

Feliz Navidad a todos mis amigos

Manuel.

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