Verónica

Verónica

AL TORERO JAVIER CASTAÑO

Los vuelos de tu capote,
de tu capote torero,
levantaban polvo de oro
en la arena del albero.
El sol pintaba los cielos
con luces de gala antigua;
suenan los timbales rotos
y el clarín los ilumina
con voz aguda de fiesta.
Los toreros se santiguan.
En medio, granate y oro,
moreno de muchas lunas,
Javier Castaño, chulapo,
atraviesa en redondel.
La mente sin querer viaja
a los recuerdos del alma…
En el tendido, las palmas,
forman ráfagas de viento.
El clarín lanza lamentos
a unas arenas que arden,
es la hora de los encuentros
son las cinco de la tarde.
Sin avisar, de repente,
aparece la imponente
figura del toro fiero,
un miura jabonero,
ojinegro, botinero,
astifino y codicioso.
Javier atraviesa el coso,
el toro se fija en él…
En medio del redondel
la verónica se abre,
al cielo azul de la tarde
como abanico gigante.
Se planta el diestro delante
y de manera elegante
se envuelve en las chicuelinas,
gaoneras, lopecinas,
navarras y delantales.
El público estalla en oles
cuando pinta tres faroles,
y acaba con revolera…
Brama burlada la fiera,
mientras Javier se destoca.
Añora fuentes la boca,
y la garganta se cierra
reseca como la tierra
parda de los labrantíos.
¡¡¡Javier Castaño, bravío,
Javier Castaño, torero,
Javier Castaño valiente!!!
canta gritando la gente,
en coro desentonado.
El torero, sofocado
se retira hasta el estribo.
El toro quiere el castigo
y empuja con los riñones,
que es señal de toro bravo…

La muleta en la derecha,
en la izquierda, desmayada,
pende colgando la espada.
La figura bien derecha
del torero, se perfila,
cita al toro, lo vigila,
arranca por naturales,
delanteros y cabales,
como demanda la gente.
El tendido está pendiente,
con el corazón latiente
cuando el peligro se huele.
Humillado el toro baja
la testuz, y las navajas,
de sus cuernos astifinos,
pasan rozando la faja
del torero salmantino.
Javier Castaño clavando
en la arena sus toreras,
va tomando delantera
y se coloca de frente.
Hay un murmullo en la gente
cuando el torero valiente
le da la salida al toro.
El sol, con sus rayos de oro,
saca brillos en la frente
perlada de sudor frío.
Estallido en el gentío
de oles, palmas y murmullos.
Javier sigue con los suyo
y cuando el toro arremete
le encaja tres molinetes
y acaba con trincherazo.
La plaza se viene abajo
y el pasodoble torero
suena alegre y altanero
premiando la gran faena
que se está viendo en la arena.
Es la hora de matar.
El trasteo, colocar
al toro de cara al medio,
cuadrar y entrar a matar.
El volapié colocado
en el medio de la cruz,
el toro ciego de luz,
rueda al suelo sin puntilla.
Cascabeles de mulillas
en el patio de caballos…
Se han llenado los tendidos
con los vuelos de palomas
de los pañuelos extendidos.
El aire lleva un lamento
de clarines y timbales,
cuando toreros legales
como lo es Javier Castaño,
hacen recordar antaños
a entendidos principales.

Añora fuentes la boca,
y la garganta se cierra
reseca como la tierra
parda de los labrantíos.
¡¡¡Javier Castaño, bravío,
Javier Castaño, torero,
Javier Castaño valiente!!!
Un matador que es total,
es orgullo de su gente
por ser Rebelde y cabal.

Anuncios