LA MARIPOSA DE CRISTAL

LA MARIPOSA DE CRISTAL

La mariposa de cristal

Rompió la crisálida la cárcel de seda que le había servido de refugio seguro, desde que las casualidades del mundo comenzaron a cruzarse para transformar un huevecillo diminuto en una hermosa mariposa de alegres alas de colores, que, al volar junto a sus hermanas, pintaban un precioso cuadro naturalista sobre un fondo de azul cielo intenso, difuminado por las espléndida luz del sol para hacerlo más creíble.
Desde su atalaya situada en el cáliz de una rosa roja, abrió sus grandes ojos por primera vez para ver, con el asombro reflejado en su redonda cara, las alfombras de flores que la primavera, una pintora excelente, había dibujado sobre la alfombra verde oscura de una pradera qué, para ella, no tenía fin.
Sintió en su cuerpo un ligero estremecimiento cuando los primeros rayos de un sol naciente le provocaron una nueva sensación, como un cosquilleo acariciador, que al tiempo que desentumecía su arrugado cuerpo, dejaba pasar entre sus lindas alas, una brisa suave y fresca que la invitaba a volar por primera vez, a sentir la sensación de una libertad cercana que le permitiría llegar hasta donde su incipiente imaginación había soñado alguna vez en su largo letargo formador.
Las flores, retraídas en su intimidad en la noche fresca para resguardar sus preciados tesoros, comenzaron a desperezarse y estiraban sus pétalos multicolores en diminutos movimientos, qué iban dejando ver la atractiva desnudez de sus cálices, fuentes de vida para ellas, a las mariposas multicolores que llenaban el prado buscando, con sus largas lenguas enrolladas en espiral, la flor más atractiva que saciaría su hambre con el dulce néctar de sus azúcares almacenados entre los estambres envarados y el pistilo retador, toda una explosión de dulzor energético que les permitiría dibujar en el aire, una vez saciada la sensación de hambre, sus hermosos cuadros de danzas suaves e interminables, de movimientos rítmicos, paranoicos, eternos, estudiados, entre lo que parecía, sin serlo, la ingravidez de sus cuerpecillos vaporosos movidos por las ráfagas del viento.
La mariposa extendió, pues, sus alas, dispuesta a aportar su belleza al mundo nuevo, pero sus alas, sus frágiles alas, nuevas en la experiencia de moverse en el aire para que la gracia de su cuerpo dibujaras interminables líneas curvas, flotando sobre los parterres de las flores, con la grácil levedad de su pequeño ser,no respondieron a sus deseos y se quedaron plegadas, enganchadas a sus cuerpo como las horribles lapas se enganchan a los huecos oscuros de las paredes de piedra.
La mariposilla no podía entender que le pasaba y, en un esfuerzo soberano, trató de desplegar de nuevo sus alas al viento y, cuando pensó que iba a conseguirlo, sus finos cartílagos de cristal, se rompieron tan suavemente, que al caer sobre el polvillo tenue de los pétalos de una rosa, las diminutas partículas del polvo recogieron las fonéticas del eco de sus tintineos melodiosos, al tiempo que un dolor agudísimo la hizo gritar de miedo y desesperación a y unos lagrimones, transparentes, redondos y salados resbalaban por sus ojos y se estrellaban en un silencio cadencioso sobre el pétalo de la hermosa rosa, que los recogió con un cariño lastimero al tiempo que con la sedosa suavidad de su cuerpo abrazaba compungida a la tenue mariposilla, como queriéndola proteger de no sabía que peligros acechantes.

La mariposa estaba triste, porque en el fondo de su alma ansiaba despertar cada mañana para ver si el sueño maravilloso, que en la noche le había permitido disfrutar de las sensaciones de una libertad etérea, planeando con sus alas extendidas para recorrer así, en una realidad inventada, las distancias inalcanzables.
Pero cuando se despertaba, el intenso dolor de sus movimientos torpe, la devolvías a la realidad desesperante de la presión que su propio cuerpo había creado para ella . Entonces ansiaba volver al onírico mundo de los sueños, donde unas nubes de blanquísimo y suave algodón, movidas a expensas de las ráfagas del viento sur, que era caliente y un poco pegajoso como el amanecer de una isla tropical, la trasladaban a la felicidad de un mundo soñado, lejano e inalcanzable en su realidad diaria.

Pero un buen día, cuando ya la desesperación anidaba en su alma, algo la hizo sentirse esperanzada. Un ser alado, un pajarillo de hermoso plumaje de colores, se posó en la rama del rosal que había sido su protección y su despensa y extendió al bello sol naciente sus hermosas alas, al tiempo que su pececillo se hinchaba de gozo para lanzar un armonioso canto de saludo alegre a su amigo, el sol, que asaeteaba con sus rayos ambarinos al ave, haciendo resaltar los brillos de su bello plumaje.
La mariposilla escondió, miedosa, su aterido cuerpo entre los pétalos perfumados de la rosa que siempre la había protegido, para tratar de evitar que el pajarillo se fijara en ella y le hiciera daño.
El pajarillo, que estaba absorto en su idealizado mundo, sintió en su corazón, el levísimo movimiento de la mariposa y entendió que algo muy importante debía pasarle para que no volara alegremente como todas las demás mariposas. Así es que, un poco sorprendido, dejó de cantar y miró con curiosidad a la mariposilla, que seguí tratando de esconderse y, dicharachero como era, le dijo:
-¿Por qué te escondes entre las rosas, pudiendo disfrutar, libre, de este maravilloso y soleado día de primavera? ¿Acaso estás enferma?.
– Lo estoy, respondió con voz casi inaudible la mariposa, sabiéndose descubierta por el pajarillo.
– ¿ Y, tu enfermedad… es del cuerpo o del alma?
– Mi enfermedad es del cuerpo en el que me ha tocado vivir, tan frágil como una delicada capa de rocío qué, apenas se ve rozado por los rayos del sol naciente, se rompe en diminutas partículas y desparece entre los tallos de las flores, sin que nadie se de cuenta de su desesperada transformación.
– Ya, dijo el pájaro. Pero tu no eres agua resbaladiza, eres una bella mariposa que no puede volar, pero tu belleza no solamente está en tu cuerpo, también está en tu alma. Los seres tenemos muchas clases de belleza. Mírame a mi. Aparentemente soy un galán, un pájaro hermoso, alegre, de canto melodioso y agradable a los que me escuchan, bien vestido con plumajes de hermosos colores y envidiado por muchos porque soy feliz. Y es cierto, lo soy, pero no por todo eso que la gente ve.
– Pues a mi si me lo parece, dijo la mariposa mirándolo por primera vez, con una cierta timidez. Lo tienes todo. Eres hermoso, tienes una voz dulce, puedes volar libremente hasta el infinito, si quieres…, eres fuerte, eres poderoso…
– Cierto, muy cierto, pero esos no son poderes. Eso solo son atributos que te da, gratis, la madre Naturaleza para que tu los luzcas y te aproveches de ellos. Lo verdaderamente importante, en realidad, es que los utilices bien. O mejor dicho, que los utilices para sentirte bien.
_ ¡Ojalá pudiera sentirme yo tan bien como tú, un solo día de mi vida!
– ¿Y por qué no te sientes bien?
– Porque me duele el cuerpo. Porque soy un prisionero de este absurdo cuerpo en el que vivo que solo me provoca sufrimiento, inseguridad, vergüenza, miedo, ira, desesperación…
– Ya, ya, ya….Si te entiendo muy bien lo que dices. Pero entonces lo que a ti te duele no es el cuerpo, es el alma.
– ¿El alma…? El alma no duele…
– Sí duele, duele mucho. Ese dolor de cuerpo, inseguridad, vergüenza, miedo, ira, desesperación, ganas de morirte, etc., etc., etc., no son dolores del cuerpo, son dolores del alma. Están en tu mente y no te dejan pensar con claridad. Si pensaras con claridad no estarías viendo lo que te falta, sino pensando en utilizar lo mejor posible lo que tienes y lo que podrás tener si te esfuerzas. No te esconderías de los demás,mostrarías orgullosamente a los demás lo conseguido y lo mucho que te falta por conseguir. Y serías feliz, porque te aceptarías como eres, con tus defectos, pero también con tus virtudes. Eso es la verdadera belleza, aceptar las cosas sin desear las de los demás. Cuando lo entiendas… serás inmensamente feliz y te darás cuenta que tienes unos límites, pero que los demás también los tienen.
– ¿ Y que tengo yo que valga la pena mostrar a los demás?
-Tus hermosos y grandes ojos, tus alas de colores increíblemente bellos, tu estilizado cuerpo,tu risa, que siendo silenciosa, es tan cantarina como mi garganta… tu paciencia para contigo mismo y para con los que no saben ver en ti las cualidades que te adornan. ¡Te propongo un trato, ventajoso para los dos!
– ¿Qué clase de trato?
-Uno muy fácil de cumplir. Tú y yo nos podemos asociar para compartir cosas. Tú me das unas y yo te doy otras. Así los dos seremos un poco más felices. Yo te presto mi cuerpo y tú me enseñas tu alma…
-¿Y cómo se enseña el alma?
-Mostrándote como querrías ser en la realidad. Riéndote, disfrutando cuando los demás disfrutan, dejando que todos los seres te admiren por tu cultura, por tu sabiduría, por tu bondad, por tu decisión de seguir siempre adelante, por tu generosidad… Alegrándole un poco la vida a los demás con tu alegría, a los que sufren soportando tus sufrimientos, siendo fuerte para animar a los débiles, sirviendo de ejemplo para que al verte te imiten y a su vez sean ejemplo de otros…En definitiva, haciendo felices a los que te rodean.
– ¡ Hay trato!, gritó la mariposa con su voz silenciosa, loca de alegría por primera vez en su vida. ¿Cuando empezamos?
-Ahora mismo, si te va bien y no tienes nada mejor que hacer…
-Pues ahora mismo no tengo nada mejor que hacer…
– ¡ Así me gusta. Vaaaaaamonós! Sube a mi espalda y agárrate bien. Te voy a enseñar el mundo desde arriba.
-Pero si no puedo volar,¿cómo quieres que me suba a tu espalda?
– Ves, ya estás como siempre. No pienses en lo que tú no puedes hacer, piensa en lo que yo puedo hacer por ti y ayuda un poco, caramba, dijo el pájaro.Yo si puedo volar y si me coloco en la rama que hay debajo de ti y te dejas caer y luego te agarras con tus patitas a mi plumón y te acomodas, de manera que estés cómoda, podremos comenzar nuestro viaje.
– Me voy a caer, dijo asustada la mariposilla…
-¡¡¡Me voy a caer!!!, dijo el pájaro riéndose de ella…¡¡Cagueta, cobardica…Salta de una vez, o me voy solo.!! ¡¡Vamos, vamos, vamos…, el mundo nos espera, el mundo no es nada sin nosotros!!
Un hermoso jilguero y una mariposa de huesos de cristal. cruzaron el cielo azul de una hermosa mañana y se perdieron en la lejanía, volando sobre una interminabe pradera con hierbas de un verde intenso, salpicada de hermosas flores, amarillas, rojas, azules, violetas y rosas, unidos para siempre por los maravillosos lazos de la amistad.
Dicen quienes los vieron y oyeron, que nuca un jilguero desgranó al viento cánticos tan bellos y que nunca vieron volar a una mariposa más feliz.
M.Pablos

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