OTOÑO EN EL CASTILLO DEL BUEN AMOR

Paisajes de Topas._2

OTOÑO  EN  EL  CASTILLO  DEL  BUEN  AMOR
 
El Dios pintor se levanto temprano
sacó pinceles tubos y paleta,
miró muy fijamente la meseta,
cogió el pincel con su invisible mano
y comenzó a pintar colores en Castilla.
 Hizo un amanecer de maravilla:
ocres, grises, naranjas, azulados,
un amarillo sol desdibujado
en un blanco de luz brillante y bello;
el último lucero al ver aquello,
palideció borrado  por la envidia ;
extasiadas al ver la maravilla
las estrellas del cielo se escaparon
y el pintor, que ya estaba arrebatado,
mezcló con maestría sus arreboles
y pintó, sin parar, cielos y soles,
un castillo, una ermita, una ribera,
el canto de una alondra manera,
un encinar, un camino, un viñedo,
el mugir de un becerro en desespero,
una laguna de aguas transparentes,
tres mil flores, el rumor de una fuente…
Y cuando vio que estaba terminando,
lo dejó justo enfrente del castillo
y, el ojo artificial, que maravilla,
guardo con nitidez esta sencilla
foto. Tres jilgueros…
que ensayaban sus trinos mañaneros,
enmudecieron sus arpegios rotos.
Del encinar llegaba el canto ignoto
del cuco que buscaba al compañero.
Entre la yerba fresca, en la ribera,
los grillos no ajustaban ya  sus arpas;
saltan, con paranoia de arrebato
las carpas plateadas del regato,
intentando comerse los rayos ambarinos.
Silba entre los encinos el mirlo sus anhelos
y está tan limpio el cielo que el azul resplandece
con una luz suave de mimo empalagoso.
En medio del paisaje se dibuja un castillo,
una ermita, un camino, un valle, una ribera…
los frutos de una vieja garbancera,
un precioso paisaje de Castilla.

 

Manuel Pablos

Como la luz, que besa la mañana

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