ENTRE LA NIEBLA Y LA NIEVE (NOVELA)

UN TROZO DE LA NOVELA QUE NO ACABO DE ESCRIBIR NUNCA…

Violencia de género

…Y sin embargo lo traicioné.¿ Quieres oír lo que le escribí unas semanas antes de mi traición?

-Me gustaría oírlo, dijo el viejo mirándome a los ojos.

-Pues le escribí una carta de agradecimiento a su personaje, a Merlín, que decía así:

“Hacía ya mucho tiempo, meses quizás, que andaba dando tumbos por la vida. Cada día se levantaba, arreglaba su casa, atendía a sus hijos y marchaba a trabajar sin saber muy bien ni cómo ni por qué. Sólo hacía que llorar por los rincones y pedía con la mirada y gritaba en silencio, un silencio amargo y angustioso, socorro a quien pudiera o quisiera escucharla. Los días de frío y oscuro invierno pasaban y el grito silencioso era cada vez mayor, la mirada era cada vez más desesperada y no hallaba a nadie que le tendiera una mano. Un día, cuando ya se arrastraba tanto que su aspecto físico se había resentido y estaba demacrada y pálida, cuando la primavera empezaba a dejar sentir sus primeros brotes, cuando los días aunque aún fríos eran ya un poco más largos y un sol cada vez más templado iba abriéndose camino entre los días fríos del crudo invierno, se encontró con un conocido que le tendió la mano, y era tal el desespero que sentía que sin pensar mucho, sin conocerlo demasiado aún, sin saber si podía o no confiarse a esa persona, agarró su mano y se dejó llevar. Empezaron a tener conversaciones a través de la red, cada noche, a veces de más de una hora, de casi dos, de tres….. Ella descargaba toda la amargura que tenía en su interior, la mano amiga escuchaba, asentía, aconsejaba……Ella lloraba muchas ,muchas veces frente a la pantalla del ordenador, agradeciendo infinitamente que la mano amiga no pudiera verla ni oírla sollozar, y la mano amiga, adivinaba su pena y como los magos logran sacar una paloma blanca de dentro de su chistera, lograba arrancar una sonrisa, al principio forzada y que más tarde se convertía en risa sonora y cristalina de aquella alma herida. Poco a poco, día a día confiaba cada vez más en la mano amiga, le contaba sus secretos y le estaba muy agradecida, pues notaba que estaba saliendo del lodazal donde estaba, que a través de esa mano amiga llegaba hasta sus pupilas un poquito de luz que cada vez era mayor. Las conversaciones con la mano amiga llegaron a ser un bálsamo tan reparador que ella esperaba todas las noches frente a la pantalla la conexión, como si fuese una droga de la que no podía prescindir. Por unas horas se sentía bien, acompañada, sentía que no estaba sola ante todo, porque la mano amiga estaba ahí, cada día para acompañarla. A veces, se sentía mal, por no poder corresponder, porque sentía no poder ayudar a la mano amiga, que también necesitaba ayuda, pero no sabía cómo, ni lo sabe aún siquiera; aún se siente en deuda, una deuda que no se puede pagar con nada, porque ella quisiera que su mano amiga tuviera una vida FELIZ, así en mayúsculas, que no sufriera, que no se desesperara, que no recayeran en el todos los sinsabores de una niebla que envuelve su casa, su familia, que envuelve a la persona que más quiere y que no se puede disipar. Ella quisiera tener una varita para disipar para siempre esa niebla espesa y negra, para que la mano amiga tuviese la alegría de antes, pero no puede y se siente mal por ello, y le parece injusto. Le parece muy injusto que su mano amiga haya sido capaz de alejar de ella los demonios que le tenían retenida el alma y que ella no sea capaz de soplar con todas sus fuerzas y mandar a la niebla al barranco profundo y oscuro donde yacen los demonios y de donde nunca jamás debe salir. De momento no puede hacer nada, pero su mente, ahora con mayor claridad de ideas, discurre y no pasa un solo día en el que no piense en algún momento en cómo ayudar y tender su pequeña mano para hacer una gran obra, y se siente tan pequeña ante una niebla tan grande que vuelve a pensar y a discurrir, y  quiere que su amigo  sepa que cultiva una rosa blanca para el amigo sincero que le da su mano franca.”

  • Muy bonito lo de la rosa blanca… ¿lo escribiste tú?

-No, me lo envió él, junto con tres rosas blancas. Es un poema de un poeta cubano que se llama José Martí y que dice así:

“Cultivo una rosa blanca/en julio como en enero/para el amigo sincero/ que me da su mano franca. Y para el cruel, que me arranca/el corazón con qué vivo/cardo ni ortiga cultivo/cultivo una rosa blanca.”

-Es nuestro poema. Siempre va a ser nuestro poema. Cuando nuestra amistad haya quedada diluida en el recuerdo, este poema y otros que mi amigo me escribió, siempre permanecerán en mi vida. Porque mi amigo es escritor y poeta, no sé si te lo había dicho.

  • No me lo habías dicho, pero algo me decía que así era. Lo que no alcanzo a entender es por qué le abandonaste.
  • Él tampoco lo entendió. Yo tampoco lo entiendo, nadie lo entiende. Le conté, a través de una amiga, que había conocido a una persona que era muy celosa, que me había restringido las llamadas, los correos, las amistades. Ni siquiera fui capaz de decírselo a la cara, porque no es cierto y él sabe que no es cierto… ¡Joder que mal rollo!. Incluso entonces, sabiendo que no era verdad, trató de ayudarme. Incluso habiéndolo traicionado, siguió tratando de ayudarme. Por eso le odio, porque yo nunca sería capaz de hacer algo así y él sí. Porque no soy digna de haberlo tenido por amigo, porque soy una puta mierda, porque no tengo nada que dar, porque siempre, siempre estaré en deuda con la gente. Por eso odio, viejo, por eso odio con todas mis fuerzas. ¿Por qué no me buscó? ¿Por qué no me desprecia? ¿Por qué sabiendo donde vivo, sabiendo mi teléfono, sabiendo donde trabajo, no me ha buscado para machacarme? Yo lo hubiera hecho. Le hubiera escupido a la cara, le hubiera buscado la ruina. No hubiera permitido que me abandonara tan fácilmente.

  • Intuyo que porque él no es como tú. Es libre, tiene un alma libre, no necesita hacer daño a los demás, solo ayuda. Por eso no pide nada a cambio, ni espera nada a cambio. Por eso es capaz de entender tu proceder y nunca te buscará para hacerte daño, muy por el contrario, siempre estará dispuesto a ayudarte de nuevo, si lo necesitas. Seguro que en este momento ya debe estar ayudando a otras personas.

-El día que me fui escribió una amarga reflexión en su página. Me la pasó mi hermana, junto con una bronca monumental, en la que me llamó de todo: estúpida, mentirosa, rastrera, bipolar, esquizofrénica. Me dijo que todo lo que me estaba pasando y todo lo que me pasara en adelante me lo tenía bien merecido, que nadie tenía derecho a  aprovecharse de las personas y luego dejarlas tiradas como si fueran trapos. Mi hermana, la bien casada, con su marido cañón, con sus dos hijas que son la envidia de la familia, con unos ojos verdes que enamoran, con una voz maravillosa que la hace triunfar en los coros en los que canta. Desde pequeña me he sentido menospreciada de todos por su culpa. Ella, siempre ella, espigada, guapa, reina de las fiestas. Yo nunca he sido nadie, pequeñaja, bizca, poca cosa, con unos ojos negros que no interesan a nadie, delgada, desgarbada y encima insoportable. Sabes que cuando era pequeña y lloraba por los rincones, una asistenta que limpiaba en casa de los abuelos me decía:” No llores má, mi niña, que tú tienes uno sojos negros presioso, como las aseituna”. Creo que nadie más se ha vuelto a fijar en mis ojos desde entonces.  Mi hermana, la prepotente, la lista, no tiene trabajo. Y se permite darme consejos. Así es que también me he alejado de ella. Bueno de ella y del resto de la familia, más o menos.

– ¿Y se equivocó?

– No, no se equivocó, porque si bien en un principio no existía la persona, al menos no existía como pareja, luego si existió. Y una vez más me equivoqué de lleno, como mi amigo predijo.  Resultó ser una maltratador patológico que acabó de destrozarme la vida y me puso al borde del suicidio. Y de nuevo me vi sola, ahora sin pareja, sin familia, sin amigos y sin hijos. Y no me vi con fuerza de acudir de nuevo a él. Tengo dos hijos que ahora viven con su padre y no han vuelto a querer saber nada más de mí. No tengo nada, viejo, no me queda nada. Vivo en una casa pequeña, prestada por mis padres y mi vida se limita a ir como una zombi a un trabajo que odio, volver del trabajo y sentarme o tumbarme en un sofá con la mente en blanco. Ni siquiera pensar puedo, ni quiero. De vez en cuando comienzo a gritar como una loca, a llorar desconsoladamente, a blasfemar y a chillar hasta que me agoto y me quedo dormida. Algunas veces me atiborro de pastillas para poder dormir, pero deseando no volver a despertarme. Cualquier día lo conseguiré y, lo triste es, que nadie me va a  echarme de menos. Será una liberación, al fin seré libre, encontraré paz y no me acordaré de que un día fui esclava de un delito que nunca cometí.

– ¿Así tú piensas que morirte va a ser una liberación?

– No lo sé, pero si lo deseo. He de reunir el valor necesario para hacerlo.

– ¿Hacerlo significa suicidarte?

-Sí.

– Ya, claro. Los muertos no piensan ni hablan, ni sufren, ni se acuerdan de nada…

-Exacto.

-Y… ¿cómo lo sabes?

– No lo sé, lo pienso y creo que estoy en lo cierto.

-Es probable, pero… ¿y si resulta que no es como piensas?

-Entonces mi amigo habrá tenido razón una vez más. El mundo habrá ganado y yo habré perdido de nuevo, pero ya dará lo mismo…Total, no me queda nada.

-Es cierto lo que dices, dará lo mismo. De hecho siempre ha dado lo mismo, sobre todo a ti. Porque en realidad tú no eres más que una egoísta, una egocéntrica, una paranoica y una mentirosa…Y has estado muerta siempre, porque alguien que no tiene alma, ni sentimientos, ni remordimientos, está muerto.

– ¿Crees que me ofendes? ¿Crees que me estás descubriendo algo que no sepa?

-No, creo que no, dijo el viejo.

Y  clavando en mí aquellos ojillos azules e inquisidores, continuó:

– Ni siquiera me das pena, que es lo que has pretendido desde el primer momento que apareciste aquí. De hecho es lo que has intentado con todo el mundo. Intentas dar pena porque no tienes nada más que dar. En realidad andas buscando respuestas, pero te da miedo encontrarlas. Intentas engañarte a ti misma y, como no puedes conseguirlo, intentas engañar a los otros. No te funcionará, una vez más, no te funcionará. Como no te funcionó con tu amigo. Te descubrió, porque era listo. Te lo dijo, trató de ayudarte, trató de enfrentarte con tus demonios, trató de ayudarte a vencerlos, pero claro, tu eres el engendro de una casualidad, la mentira forma parte de ti desde antes de nacer, como una especie de pecado original no perdonado y esa marca te perseguirá de por vida. Ningún dios terrenal podrá ayudarte nunca. Y dudo mucho que un dios eterno pueda hacerlo… hasta que no seas capaz de sacar fuera de tu alma la mentira, la vileza, la insidia, el odio. Y no trates de mentirte a ti misma, nadie puede hacerlo. Escribe, escribe la verdad, pinta tu cuadro, plasma en él tus miedos y llegaras a entenderte y a aceptarte como eres. Eso si llegas a tiempo para hacerlo, porque si no es así… Claro, que yo no estoy muy convencido que tú estés en tus cabales. Ni tú tampoco. Creo que no eres la persona que yo esperaba. No podré ayudarte, no podrás ayudarme.

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