ENTRE SOMBRAS CARGADAS DE CARICIAS

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Entre sombras cargadas de caricias…

A  Agustina, mi mujer.

Crecimos entre sombras

cargadas de caricias.

Rompimos las distancias de la idea

con nuestros inexpertos besos, rotos

por las miedosas sombras de la noche.

Ensayando entre el verde de los musgos

nacieron en nosotros innombrables deseos ancestrales,

apenas controlados por miedos aprendidos

en la misa de doce menos cuarto.

Pero una noche clara, bajo el cielo

estrellado, que casi como manta nos servía,

rompimos las distancias entre el temor y el cuerpo.

Traspasamos, miedosos, la barrera del mundo

y  viajamos con nuestras fantasías

donde habita el sentido; sin infierno

miedoso en nuestras almas teñidas de silencio,

saciamos los instintos retenidos,

encendimos el fuego de mil hogueras muertas;

la noche y las estrellas fueron cómplices mudos

de nuestros desbocados potros negros.

Fuimos después estatuas de albo mármol

con corazón de volcanes ardiendo; fundimos

el metal de las distancias y, saciado el deseo,

volvimos a las sombras de la noche

entre el musgo verdoso de la piedra.

Crecemos entre sombras

cargadas de caricias.

De las mismas caricias

y de los mismos besos de esa noche estrellada.

¡Solo ha pasado el tiempo!

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