Versos para Marisol Cascón

 

Marisol, fondo                              Versos para Marisol Cascón

                                               Hay en tu ojos brillos de la miel de la encina,
y ese sol de alegría que puebla la llanura,
madurando  los trigos con el color dorado
que esconde en sus espigas  los panes candeales,
hizo alegre tu cuerpo, tu mirada encendida,
y dibujó  en tu boca la frescura del agua.
Tienes la delirante juventud de la abeja
que liba entre las flores dulzores de panales;
la embriaguez de la ola recorre tus espacios
y un volar de gaviotas hay en tu alma anhelante.
Mariposa  que alegra con colores hermosos
el trigal de amapolas o el murmullo del rio,
es esa fuente fresca que emana de tu risa,
siempre abierta en tus labios, siempre entregada al mimo.
Miro tu cuerpo hermoso y tu voz suelta y lisa…
y ese reclinar tuyo  sobre el hombre que amas
mimándolo en tus ojos, dos preciosos remansos,
sintiéndolo en tu piel, guardándolo en tu alma.
Se destiñe la luna sobre el lago tranquilo
de la serenidad que adorna  tu  mirada;
se diluyen los días monótonos y tristes
y las tardes de hastío pintan desesperanzas
que navegan en besos, ensayados en noches,
como navega el barco en reflejos de plata,
mientras llega la aurora cantando valses nuevos,
bailados sobre mares de aguas quietas y claras.
Es en ese momento que sueñas el cariño, el grito,
la palabra; que compartes ternuras con la persona amada,
desvaneciendo imágenes de tiempos ya pasados,
de furias tristes, brumas, soledades, batallas…
Una palabra, entonces, o una sonrisa, sirven
para que la alegría tiña de luz tu alma.
Libre como gaviota cuando extiende sus alas,
trazas rutas sin tiempo, en mapas de distancia.
Quedan en tu retina lugares y momentos
en el confín de tierras, sobre un fondo de imágenes
o de bellas cerámicas, de montañas, de páramos,
de claridades húmedas, de soles en la tarde,
de voces, de nostalgias, de ríos, de ensenadas…
Cada tiempo es un logro, cada luz un paisaje,
un momento vivido, un recuerdo entrañable,
un olor, un te quiero, un beso perdurable,
una vivencia, un sueño, un momento, un detalle.
Te sostiene el silencio  de piedras milenarias,
la pasión por lo nuevo, la lejanía cercana,
el amor por el hombre, la limpieza del alma…
Bajo el cielo estrellado de una noche diáfana
los ábsides desnudos de bóvedas lejanas
te enmarcaran un día, entre estrellas perladas,
soñando mundos nuevos de infinitas distancias,
mientras ríen tus labios y canta tu mirada.
                        Manuel PablosMarisol
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