VERSOS PARA NATALIA

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Cuando la soledad pretenda que tu cambies
dile a la soledad que ya estás preparada...

LOS OJOS DE NATALIA

 

Yo conocí tus ojos cuando eran virginales,

cuando miles de estrellas luchaban en sus bóvedas

por dibujar reflejos de alegrías y dulzuras infinitas;

cuando los soles de la primavera pintaban en tu cara

cuadros de colorines, borbotones de espumas

de mares ensoñados, de ausencias de misterio,

de niñez absoluta, llena de cuentos de hadas,

de bosques misteriosos, de príncipes azules,

de duendecillos malos…

 

Yo conocí tus labios, hermosos y sinceros

cuando apenas las letras salían de tu boca,

explicando vivencias tan tiernas como brotes

en espigas verdiales, tan dulces como mieles

en panales recientes, mientras las emociones

en palabras sencillas, salían a borbotones,

como fontanas frescas, de tu alma de niña.

 

Yo conocí tu cara, hermosa desde siempre,

tan llena de sonrisas que apenas te cabían,

reflejando cariños y alegrías a raudales,

repartiendo frescuras de tus labios de rosa,

pintando mariposas de miles de colores,

libando entre las flores de tu jardín de ausencias;

 

yo viví la Natalia de las felicidades,

la niña que soñaba con mundos infinitos,

sin dolores, sin gritos de iras ciegas, de voces estridentes,

sin rejas, sin ventanas que acotaran tus mundos,

tus ansias infinitas de libertad y mimo,

sin metas definidas, sin miedo a los destinos,

con las simplicidades que dan los pocos años.

 

También he conocido la mujer ahora hermosa,

de escultural belleza, abierta a los halagos

de amores muy sinceros, aquellos que predicen

mundos llenos de rosas, pájaros melodiosos

cantando en los jardines de la felicidad.

Melodías de dulzura nacen en las gargantas

que llenan de canciones el sueño de los hijos,

 

frutos de las delicias de los amores puros,

del beso apasionado, de la pasión sin límites,

de las necesidades de crear vidas nuevas

que nos hacen totales, que alivian nuestras penas,

que llenan de esperanza y sentido al futuro.

Las fuentes de tus ojos se llenan de esmeraldas,

cuando miras al mundo desde las tempestades

 

que las tristezas crean, llenas de nubes negras,

de amenazantes rayos, de truenos estruendosos,

de granizos malditos, que arrasan las vivencias,

que matan ilusiones, esperanzas, anhelos,

que ennegrecen los cielos azules del verano

destiñendo los campos, amenazando altivos,

las cosechas sembradas de trigos, ahora verdes.

 

Las preguntas planean como buitres malditos,

hiriendo tus aristas, que sin querer te hieren;

las dudas te atormentan, decidiendo si quieres

ser la niña maldita de azufre con vinagre,

presa de los recuerdos, de las indecisiones,

o la gaviota libre que recorre distancias

mirando las miserias desde los cielos claros,

abarcando esperanzas, creando sangres nuevas,

que alienten logros nuevos, ilusiones, caminos

de luz sobre aguas claras, mansas, que sobre playas

llenas de arenas limpias, empapan nuevas ansias.

 

Renacerás altiva, llena de transparencias,

susurrando olas nuevas, como susurra el agua.

Tu nombre está en los pétalos de la rosa encantada

que crece en las paredes de las grutas del alma.

Cuando de nuevo el viento sacuda su esperanza

formará lechos nuevos, perfumará la estancia

del corazón que late, tu tierra será suya.

Cuando la soledad pretenda que tu cambies

dile a la soledad que ya estás preparada.

 

Manuel 

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