Los números de 2014

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2014 de este blog.

Manuel académico

Aquí hay un extracto:

Un tren subterráneo de la ciudad de Nueva York transporta 1.200 personas. Este blog fue visto alrededor de 5.100 veces en 2014. Si fuera un tren de NY, le tomaría cerca de 4 viajes transportar tantas personas.

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LOS COLORES DEL OTOÑO (resucitando muertos)

LOS COLORES DEL OTOÑO

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De repente el cielo cambió de tonalidades .Se borraron los azules del verano y aparecieron los grises azulados de las nubes que dejaban entrever unos gironcillos azulados que se resistían a abandonar su lugar, compitiendo por salir en la foto, en una lucha que, de antemano sabían perdida. El sol intentaba lucir su timidez de novicia entre los cirros y los cúmulos, enclaustrado en una clausura que sabía que duraría tiempo, mucho tiempo. En ocasiones rompía la celosía y brillaba, apoteósico, triunfal, soberbio, durante unos minutos, incluso alguna hora. Pero las nubes, señoras ahora de los cielos infinitos, acababan por imponer su ley y lo devolvían a su clausura obligada.

Derrotado y perdido, aparecía en medio de otrora su reino, como una mancha blanca, transparentando el azul purísimo bajo la nube azulada y llenando la bóveda celeste de un rayado  de radiografía preocupante, que no presagiaba nada bueno.


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Los árboles, que otrora lucían un verde oscuro majestuoso, eran como hidalgos venidos a menos y vestían unos ropajes de un verde amarillento deslustrado, como si sus luchas contra la Naturaleza les hubieran dejado sin fuerzas, tras los muchos calores soportados y la sed de un agua ansiada,

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pero no renacida y se abandonaban, poco a poco  y sin luchar apenas, a un invierno cada vez más cercano, que con sus fríos vientos del norte, les desnudaría sin piedad, luciendo sus esqueletos blanquecinos que la mordida de las heladas acabarían por atrofiar. Algunos incluso, no volverían a renacer con los calores de la lejana primavera, y se habían pintado con las galas de un marrón sucio, oscuro, muerto.

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Por el paseo frondoso de los álamos blancos, lleno de florecillas multicolores que adornaban las veredas, las alfombras de hojas muertas formaban un compacto de pequeños cadáveres, esperando las ventoleras, cada vez más cercanas, que las barrerían inmisericordes, arrastrándolas hasta vete tú a saber que lejanas veredas, donde acabarían desangrándose en la tierra, que las acogería maternal, para hacerlas renacer de nuevo en brotes de esperanza, la próxima primavera.

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Pero entre todo este anuncio de muerte cercana, un árbol humilde, pero más recio que ninguno, plantó cara a las nubes, el sol y las inclemencias anunciadas, lució su follaje majestuoso y enseñó, desafiante sus frutos a ese cielo ennegrecido, diciéndole a voz en grito que en medio de tanta tristeza siempre queda un hito de vida, un pequeño canto de victoria, la esperanza renacida de que habrá muchas más primaveras.

Manuel Pablosfotos móvil 878


OTOÑO EN EL CASTILLO DEL BUEN AMOR

Paisajes de Topas._2

OTOÑO  EN  EL  CASTILLO  DEL  BUEN  AMOR
 
El Dios pintor se levanto temprano
sacó pinceles tubos y paleta,
miró muy fijamente la meseta,
cogió el pincel con su invisible mano
y comenzó a pintar colores en Castilla.
 Hizo un amanecer de maravilla:
ocres, grises, naranjas, azulados,
un amarillo sol desdibujado
en un blanco de luz brillante y bello;
el último lucero al ver aquello,
palideció borrado  por la envidia ;
extasiadas al ver la maravilla
las estrellas del cielo se escaparon
y el pintor, que ya estaba arrebatado,
mezcló con maestría sus arreboles
y pintó, sin parar, cielos y soles,
un castillo, una ermita, una ribera,
el canto de una alondra manera,
un encinar, un camino, un viñedo,
el mugir de un becerro en desespero,
una laguna de aguas transparentes,
tres mil flores, el rumor de una fuente…
Y cuando vio que estaba terminando,
lo dejó justo enfrente del castillo
y, el ojo artificial, que maravilla,
guardo con nitidez esta sencilla
foto. Tres jilgueros…
que ensayaban sus trinos mañaneros,
enmudecieron sus arpegios rotos.
Del encinar llegaba el canto ignoto
del cuco que buscaba al compañero.
Entre la yerba fresca, en la ribera,
los grillos no ajustaban ya  sus arpas;
saltan, con paranoia de arrebato
las carpas plateadas del regato,
intentando comerse los rayos ambarinos.
Silba entre los encinos el mirlo sus anhelos
y está tan limpio el cielo que el azul resplandece
con una luz suave de mimo empalagoso.
En medio del paisaje se dibuja un castillo,
una ermita, un camino, un valle, una ribera…
los frutos de una vieja garbancera,
un precioso paisaje de Castilla.

 

Manuel Pablos

Como la luz, que besa la mañana

FELIZ NAVIDAD

Feliz Navidad

 

 

 

 

 

claro de luna

 

 

 

 

 

La luna rielaba por encima de las copas de los árboles y el cielo estaba iluminado con esa luz cenital que transparentaba los objetos, proyectándolos con una cierta nitidez, como en esos sueños realistas que uno tiene a veces que, cuando despiertas, no sabes muy bien si en realidad lo que estabas soñando era corpóreo o producto de tu mente.

Podían distinguirse, perfectamente visibles, un halo de un blancor azulado que contrastaba con el azul más oscuro de un cielo cuajado de estrellas, y los rayos difuminados que llegaban hasta sus ojos con una suavidad imaginada y acariciaban sus pupilas con una suavidad de pañuelos de seda clara, que filtraba, en espasmos de realismo e ilusión el cuadro naturalista que contemplaba.

La helada dejaba sentir sus cristalinas cuchillas en la cara y en las manos, sacando brillos diamantinos en los cantos de la calle y en los charquitos, que la lluvia de la tarde había dejado como recuerdos y que ahora eran pequeños espejos opacos brillando sin lustre, en la semioscuridad de la noche.

Miró al cielo y buscó su estrella. La tenía localizada entre los millones de estrellas que pueblan el universo y muchas noches hablaba con ella. Le contaba sus penas y sus pequeñas alegrías y ella, la estrella, le hacía guiños de complicidad como si entendiera lo que le decía. A veces pensaba si estaría loca, hablando con las estrellas y nunca se lo había contado a nadie, pero cuando tras un ratillo de conversación había descargado su alma de los pesares que la afligían, suspiraba quedamente, llenaba sus pulmones con el aire fresco de la noche, se metía en la cama y dormía plácidamente.

Lejos, entre las calles del pueblo, sonaban los cánticos navideños, desentonados por los grupos de gente joven, que, como era Nochebuena, andanban rondando de bar en bar, con las botellas de licor en las manos, los turrones, los mazapanes y las frutas escarchadas, creando sus propias estrellas en la tierra, al tiempo que con las panderetas y las zambombas hacían sonar un guirigai de ruidos desacompasados, tan desentonados como los cánticos.

 

Dudaba mucho que ni siquiera se les hubiera ocurrido mirar la belleza del cielo de Nochebuena. Algunos, incluso, es muy posible que no supieran que pasó en Nochebuena.

 

Caminó unos pasos por la calle desierta, miro al cielo cuajado de estrellas de nuevo y en sus labios apareció la frase que tantas veces había dicho y había oído decir a sus amigos, pero esta vez fue consciente de que le salía del fondo del alma:

Feliz Navidad y Paz en la Tierra a los hombres de buena voluntad.

 

Luego desanduvo los pasos que había dado, miro de nuevo el cielo con su luna mágica, entro en casa, se metió en la cama y durmió plácidamente.

la luna estrella

Una estrella brillando intensamente en lo alto del cielo, encendió la ciudad con miles de lucecitas, bombillas de colores del eterno Árbol de Navidad, de miles de Árboles de Navidad, como si la Tierra entera cantara así su alegría.

Feliz Navidad a todos mis amigos

Manuel.