NIEBLA

 

 

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A mi amiga Carmen Ayuso

Navidad, 2015

Niebla

 

Cada año por Navidad se deprimía. Los recuerdos dolorosos aleteaban a su alrededor y se colaban en su alma con una nitidez de acto vivido y, por más que intentaba alejarlos, no podía. Una y otra vez explotaban en su cabeza hasta volverla loca. Deseaba que el tiempo volviera para atrás, solo unos minutos atrás antes del fatal accidente, para poder retornar a la vida lo que ya no la tenía, al menos en la dimensión en la que las personas estamos, porque en su alma siempre estaba encendida la esperanza de qué, en otra dimensión, algún día, tarde o temprano, se volverían a encontrar. Y era eso lo que la mantenía viva.

Poco a poco aquellos inmensos ojos claros, fuentes ahora de lágrimas diarias, se habían ido oscureciendo con los colores de la pena y habían ido perdiendo aquellas chispitas de luz que un día enloquecieran a tantos hombres hasta el punto de hipnotizarlos y hacerlos perderse en ellos sin remedio. Unas tenues arruguillas acusadoras, comenzaron a pintarse en las esquinas de los párpados y en las comisuras de sus labios, pero aún le daban una cierta sensualidad de juventud no muy lejana, de madurez interesante, cosa que ya no buscaba más que en algunas ocasiones especiales. Porque era mujer y le gustaba sentirse guapa. “Todavía estoy de buen ver- solía decirse en voz alta- y a algunos se les cae la baba cuando me miran”. Y se asomaba coqueta al espejo, se masajeaba la cara, recorría su cuerpo de manera sensual con sus manos, hundiéndolas en sus curvas remarcadas para acabar explotando en una risotada, o revolcándose por la alfombra, o haciendo carotas al espejo o sacándole la lengua una y otra vez. Eso la hacía sentirse bien.

Cuando la pena la invadía escapaba de casa y se marchaba pasear por el campo y la ciudad, como le había aconsejado mucha gente, pero sobre todo un amigo desconocido al que se había agarrado con una cierta desconfianza al principio, con escepticismo después y con cariño fraternal, del bueno, al final. Y sabiendo que siempre le hablaba con el alma, recurría a él en algunas ocasiones para que le aliviara un poco las penas.La chimenea encendida

 

Aquella tarde había niebla y estaba en casa tumbada en el sofá, al abrigo del fuego que la mantenía agradablemente relajada. Miraba la televisión, pero a aquella hora no había nada que le interesara, así es que se puso el anorak y las botas, un gorro de lana en la cabeza y enfiló campo a través, sin rumbo fijo. La niebla le mojaba la cara con sus minúsculas gotitas y le hacía sentir una sensación de frescor muy agradable. A lo lejos, unas encinas enseñaban, mimetizadas entre el blancor de las nubes bajas, sus ramajes invernales, movidos levemente por un vientecillo desagradable que acrecentaba la sensación de frio, haciéndolas aparecer como figuras fantasmagóricas o mágicas. Un sol medio muerto comenzaba a caer hacia el poniente, como un punto de luz opaco, difuminado entre la niebla baja, negando la luz a la Tierra. Las botas hacían un ruidito acompasado sobre la gravilla y, a lo lejos, se oían los balidos de un rebaño que volvía a las corralizas y el chillido quejoso de una grajuela, que seguramente tenía frío.

Caminaba por el sendero que rodeaba el monte, escuchando, un tanto miedosa, los ruidos del atardecer de invierno.

cropped-cropped-cropped-invierno-en-las-alamedas.jpgDe repente, al lado del río que discurría alegremente desde el monte al valle, vio, difuminada entre la niebla, una niña pequeña que jugaba con el agua intentando sacarla de la regatera con su cubo azul. Parecía no darse cuenta de su presencia, pues continuaba susurrando alegremente una canción que le resultaba conocida, aunque no se acordaba del por qué, al tiempo que seguía sacando el agua y riendo como solo saben reírse los niños.

La niebla distorsionaba la figura, toda blanca, de la niña, que seguía riendo y cantando como si la presencia de una persona no le importara lo más mínimo… Y aquella canción…aquella canción… era…era… la canción que cantaba su hija siempre, cuando iba al colegio, cuando jugaba en casa, cuando…

Se acercó sigilosamente, con el alma saltándole como enloquecida en el pecho, la respiración agitada, la ansiedad disparada y, de repente, la niña giró la cara sonriente, la miro intensamente a los ojos, se levantó y se fundió en un abrazo que la traspasó de parte a parte, al tiempo que le acariciaba la cara y la llenaba de besos.

–  Hola mamá, le susurró. Pensaba que ya no vendrías… por la niebla, y eso. Estaba a punto de irme a casa yo sola. Me ha gustado mucho el árbol que hemos puesto, con esas luces de colores tan bonitas. La estrella nueva me encanta, quería decírtelo. Y gracias por dejármela poner a mi…Lo que no entiendo es por qué estás siempre tan triste y por qué lloras por Navidad cada año.

Melba (2)El abrazo le pareció eterno, interminable. No sabía cómo, pero de repente su alma se había inundado de alegría, de gozo, de una dicha imposible de describir con palabras… La miraba arrobada, incrédula. Los labios le temblaban y las palabras se le quedaban atascadas en la garganta y se negaban a salir. El corazón le latía como un potro loco y no era capaz de desprenderse de ese abrazo, que quería fuera eterno. Reaccionó cuando la oyó decir:

–  Mami, me estás haciendo daño. Suéltame un poco, que me vas a asfixiar.

–  Pero…- susurró-, pero ¿qué estás haciendo aquí?, le preguntó con un enorme temblor en los    labios.

–  Me aburría en casa y había salido a pasear contigo. Pero cuando vi el agua me adelanté un        poco con el cubo para jugar hasta que llegaras… ¿no te habrás enfadado?

– No, mi niña, ¿cómo me voy a enfadar? Y la abrazó de nuevo. ¡Madre mía, mi niña…mi niña querida, mi ángel, mi pequeña del alma, mi vida!

La niña la miraba ensimismada, sonriente, contenta. La cogió de la mano cariñosamente y mirándola a los ojos directamente le susurró…” Vámonos a casa, que empieza a hacer frío”.

Unos densos lagrimones inundaron su cara, pero esta vez de alegría. La había encontrado donde menos la esperaba y ahora ya no se le iría nunca. Y sin darse cuenta le apretaba la mano con todas sus fuerzas, como queriéndola amarrar para siempre…

  • ¡Ay…!, gritó la niña. ¡Me estás haciendo daño, “pulga”! ¡No me aprietes tan fuerte!
  • Perdona, cariño. Es la emoción de haberte encontrado de nuevo.
  • ¿De haberme encontrado de nuevo?, dijo la niña extrañada… Yo siempre he estado contigo. Pero si me llevas a todas partes. Menos mal que cuando hablas con los mayores y cuando juegas con Samu, puedo escaparme un rato. Si no…siempre me tienes a tu lado. Me parece que estoy siempre castigada… Igual me pasa con “la tata”, que desde que es mamá, me hace menos caso que antes. Pero yo lo entiendo: el bebé es tan bonito que algunas veces me quedo mirándolo cuando duerme y me meto en sus sueños a jugar con él.
  • ¿Pero cómo sabes que tenemos un bebé?
  • Uy, mamá, hija. A veces pareces tonta. ¡¡¡Que vivo con vosotros!!! ¿Es qué no te enteras cuando te hablo?
  • Pero no puedes vivir con nosotros. Tuviste un accidente y…te fuiste al cielo- y el llanto salió espontáneo, desesperado, triste…Topas desde el cielo.
  • ¡¡¡Ves como no te enteras!!!, dijo la niña cariñosamente. Mamá, ahora yo vivo con vosotros de otra manera, en espíritu, en vuestra alma. Y me comunico con vosotros a través de vuestro pensamiento. Pero cada vez que me piensas o me recuerdas, yo vengo y hablo contigo. Recordamos tiempos pasados, alegrías, penas…todo lo que tú piensas yo lo vivo, incluso tus malos genios, tus desesperaciones, tus lágrimas… Tus lágrimas, tus desesperaciones, tu pena…eso no lo entiendo. Si me tienes en tu cabeza y en tu alma ¿Por qué piensas que me he ido? Siempre voy a estar contigo, nunca me iré. No me gusta que estés triste. Víveme con alegría, no con tristeza. Yo quiero verte riendo, como tu reías siempre, cómo ríes ahora algunas veces. No quiero verte triste, ni enfadada, ni de mal humor…Yo quiero a mi mami valiente, no a mi mami asustada… Algún día, cuando tu viva en la dimensión que yo vivo, volveremos a ser como antes. ¿Y sabes qué, mama?, nos comunicaremos como ahora, con el pensamiento y no tendremos secretos, aquí los secretos y los malos rollos no existen, todo son buenos rollos. ¡Venga, mamá, que tú eres alegre, deja de llorar y ríe…!!!

Llegaron a casa, se tumbaron abrazadas en el mismo sofá, al lado del mismo fuego…

Sonó el timbre de la puerta. Se despertó sobresaltada y, todavía medio amodorrada por el sueño salió a abrir. Oyó los gorgoritos de Samuel y medio aturdida todavía abrió la puerta.

Se encontró con la carita de su nieto que le sonreía y le alargaba los bracitos desde la sillita de niño, y con la cara de su hija, un tanto triste, un tanto seria.

  • ¡¡¡Vamos, hija…ya era hora! Llevo llamando ni sé cuánto rato. ¿Dónde estabas?
  • ¡En el cielo, susurró, estaba en el cielo!

Abrazó al nieto y lo beso apasionadamente: “¡ Pobrecito mi niño, viene heladito. Ven con la yaya, cariño, guapo…!”. Y le llenó la cara de besos.

 

 

 

 

 

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DESDE EL CASTILLO DEL BUEN AMOR

el castillo mágico

 

Desde el castillo del Buen Amor

 

El Dios pintor se levantó temprano

sacó pinceles tubos y paleta

miró muy fijamente la meseta

cogió el pincel con su invisible mano

y comenzó a pintar colores en Castilla.

 Hizo un amanecer de maravilla:

ocres, grises, naranjas, azulados,

un amarillo sol desdibujado

en un blanco de luz brillante y bello;

el último lucero al ver aquello,

palideció borrado por la envidia;

extasiadas al ver la maravilla

las estrellas del cielo se escaparon

y el pintor, que ya estaba arrebatado

mezcló con maestría sus arreboles

y pintó, sin parar cielos y soles,

un castillo, una ermita, una ribera,

el canto de una alondra manera,

un encinar, un camino, un viñedo…

el mugir de un becerro en desespero,

una laguna de aguas transparentes,

tres mil flores, el rumor de una fuente…

Y cuando vio que estaba terminando,

lo dejó justo enfrente del castillo

y el ojo artificial, que maravilla,

guardo con nitidez esta preciosa

foto. Tres jilgueros…

que ensayaban sus trinos mañaneros,

enmudecieron sus arpegios rotos.

Del encinar llegaba el canto ignoto

del cuco que buscaba al compañero.

Entre la yerba fresca, en la ribera,

los grillos tocan sin parar sus arpas;

saltan, con paranoia, del regato las carpas

intentando comerse los rayos ambarinos;

silba entre los encinos el mirlo sus anhelos

y está tan limpio el cielo que el azul resplandece

con una luz suave de mimo empalagoso.

En medio del paisaje se dibuja un castillo,

una ermita, un camino, un valle, una ribera…

Empieza a florecer la primavera,

entre los frutos rojos del espino.

 

Manuel Pablos 

Desde el castillo del Buen Amor.

 

 

La noche de las ánimas

La noche de Ánimasluna llena

La luna llena sobre fondo negro es la imagen idónea para definir la noche de las ánimas. Máxime cuando tu madre te había dicho:”¡Esta  tarde pronto a casa que es la noche de las ánimas y andan sueltas por las calles, buscando  almas para llevárselas al más allá!”.

Cada tarde le arrancabas unos minutos a la puesta del sol para seguir jugando con los amigos en la plaza, pero esa tarde te pasabas las horas mirando al poniente, intentando descifrar cada cinco minutos por donde andaba el sol y cuando entendías, más que ver, porque el cielo solía estar cubierto de nubes, que el horizonte comenzaba a oscurecerse, ibas que perdías el culo para casa, te acurrucabas a la orilla de la lumbre y de allí no te arrancaba ni Cristo.

Los mayores se sonreían entre ellos, señalándote con la cabeza y no había año que no te intentaran enviar al corral a buscar un poco de leña para la lumbre. Naturalmente el éxito solía ser nulo, porque caminar más allá de donde las llamas ponían luz y sombra en la cocina, era encontrarte, seguro, pero seguro, seguro, con un ánima que te cazaría para llevarte al más allá.alredeor de la lumbre

Se agolpaban en tu cabeza en un barullo indescifrable los cuentos, consejas, relatos y realidades que habías estado oyendo los días anteriores; los fantasmas, sibilas, nigromantes,trasgos, orcos y brujas, revoloteaban en cada sombra, en cada chisporroteo de los leños que ardían en la lumbre, en cada sonido extraño, en cada bufido del gato, en cada ladrido del perro…

A veces los gatos que dormitaban tranquilamente al amor de la lumbre daban un salto nervioso, arqueaban en puente su cuerpo, erizaban el pelo y salían corriendo, como alma que lleva el diablo hacia los desvanes, sin haber nada que lo justificara. En ese momento el alma se te paralizaba, la sangre dejaba de circular en tus venas, los ojos volteaban como locos en giros de trescientos sesenta grados, los músculos se quedaban sin movimiento y eras incapaz de mirar más allá de tus propias zapatillas, tan aterrado estabas.animas_mogarraz3

Y era justo en ese momento cuando oías sonar la campanilla liberadora, y el “¡Ánimas Benditas del Purgatorio!”, que en otro momento te hubiera hecho gritar de miedo, ahora te desataba todos los nudos que se habían ido formando en tu cuerpo y el grito “¡Ya están aquí!”, era un grito de alborozo, de día de fiesta por la mañana. Porque bien sabido era por todo el mundo que cuando el tío Julique o el tío Zapatero llegaban a tu casa, envueltos en una manta, con un farolillo de cristal alumbrándole el camino y haciendo sonar la campana, la casa y sus alrededores quedaba libre de todo lo maligno y el espíritu de las ánimas benditas protegería tu casa y tu familia durante el resto del año, que para eso le alumbraban el camino con el farol.

Así es que llamaban a la puerta, y al ruego de “Una limosna para las ánimas benditas del purgatorio”, la puerta se abría, se rezaba un responso, y una parte de los “Gozos para las benditas ánimas del purgatorio”, se daba la limosna, en la medida que cada uno podía y el limosnero iba a la casa siguiente a practicar el mismo rito.

 

“Oíd, mortales piadosos,

y ayudadnos a alcanzar:

 

R/ Que Dios nos saque de penas

y nos lleve a descansar.

 

¡Oh vosotros, -caminantes,

suspended, oíd, parad,

bastará sólo el oírnos

a mover vuestra piedad!

Hoy pide nuestra aflicción

que queráis cooperar:

 

R/ Que Dios nos saque de penas

y nos lleve a descansar.

 

No hay dolor, tormento, pena,

martirio, cruz ni aflicción,

que lleguen a ser pintura

de nuestra menor pasión;

solo alivia nuestros males

de vuestro amor esperar:

 

R/ Que Dios nos saque de penas

y nos lleve a descansar.

 

Aquí estoy en purgatorio

de fuego en cama tendido,

siendo mi mayor tormento

la ausencia de un Dios querido,

padezco sin merecer,

por mí no basta alcanzar:

 

R/Que Dios nos saque de penas

y nos lleve a descansar.

Cuando se cerraba la puerta y oías como la campanilla se alejaba y el sonsonete “Una limosna para las benditas almas del purgatorio” se iba alejando, parecía que la casa fuera otra. Allí, durante todo un año si tenías puesta en la puerta la cruz de palo de laurel hecha con la rama bendecida, que el cura te daba el Domingo de Ramos, no entraría ningún mal.

Lógicamente, a veces las realidades eran otras, pero esa noche la esperanza renacida era real.

Así me lo contaron, así lo viví muchos años y así lo relato.

VERSOS DE MARÍA CALZADA

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Ellos

 

Cuando la luna redonda se viste de gala

y el monte ilumina de luz color plata

pintando la yerba con puntillas blancas,

los ojos hermosos de María Calzada

estudian el cielo con calma pausada

y, sobre el reflejo de la luna llena

que tiembla de frio en las aguas mansas

la imagen se aleja, callada, callada,

dejando una estela tan desdibujada,

que un delfín de espuma no podría encontrarla.

El cielo se cuaja, cual postre de nata,

de estrellas azules que marcan distancias…

silencio en el monte de sombras calladas,

silencio en el valle, silencio en la casa.

Cantan sus amores, entre la enramada,

ruiseñores pardos, de músicas blancas,

mugen los becerros, contestan las vacas,

ululan los búhos, berrean las cabras.

Entre los recuerdos la imagen se amasa:

las manos del padre, callosas, cortadas,

llenas de caricias tras las costras pardas,

duras como el hierro siempre que hizo falta,

pero también suaves, como harina en agua.

La madre que escucha, que mima, que abraza…

que cura los miedos y enjuga las lágrimas,

que llena de cuentos las noches fantasmas…

El recuerdo triste de la hermana amada

que se fue muy pronto, y el hermano Antonio…

El alma se estanca, el recuerdo duele,

los ojos se empapan, sin querer, de lágrimas.

 

Los vientos del dolor rezuman ira,

desnudando poco a poco las hojas muertas del pasado,

mordiendo las derrotas antiguas,

deshojando impúdicamente el árbol,

humillando la piedra marmórea del alma,

que cede y se despoja de los pequeños dioses

que te dan valor, mientras sangran polvo.

El alma de María, como todas las almas,

se rinde ante la evidencia del tiempo,

porque la vida, amable compañera,

es como el oxígeno, que de tanto tocarlo

se empobrece en el caudal generoso del cuerpo.

Construiste los ayeres, andamio tras andamio,

con el humano barro, material sencillo,

qué, por serlo, aún perdura plantando cara al tiempo.

Lejos quedaron los fuegos animales de la juventud,

lejos de tu mirar pensativo, que añade a tu figura,

como a un árbol, nuevas cortezas con fechas y nombres,

donde los caracoles van dejando pacientes surcos,

oscuros algunos, brillantes otros, que se desvanecen

cuando apuntan las mañanas de soles nuevos,

de savias nuevas, de brotes de ternura, amor y dulzura,

llenos de nuevas ansias de vivir en ti, lo que vives en los otros.

Háblales como siempre, de belleza,

sin fingir amor en la palabra y construye alegrías

con tu risa contagiosa, y malgasta tu tiempo

perfumando las flores de tu jardín con esa sencillez

que te devuelve a la vida, que nos devuelve a la vida.

Todos estamos ciegos hasta que nos despierta

esa mano, ese abrazo, esa voz que estamos esperando.

Puede haber hasta lágrimas, deseando nacerse en unos ojos.

NOSOTROS

 

 

Rodaban las letras sobre las pantallas

en los amaneceres rotos del insomnio amigo.

Lejos del lugar elegido por el útero para ensancharse

y soltar su fruto, éramos náufragos en islas cercanas…

Desconocidos náufragos, hermanados

por el oxígeno respirado al romperse

la placenta acogedora que nos maduró,

nos protegió y nos expulsó, inválidos totales,

al mundo complicado con el que luchamos

a brazo partido para mantenernos en equilibrio,

inestable al principio, inestable al final,

complicado en medio, que es ese tiempo que llaman vida.

Sin pretenderlo se engancharon nuestras letras primero,

nuestras ideas después, nuestro afecto siempre,

para intentar crear páginas bellas que pintaran

imágenes revividas, frescas como cogollos

de lechugas vírgenes, en las mentes de aquellos

que, sin olvidarlas, habían dejado aparcadas

en una esquina de los recuerdos rancios,

las experiencias que un día, algo lejano ya,

fueron las que les enseñaron a vivir, a luchar,

a mantenerse flotando en las aguas embravecidas

de los tiempos revueltos y de los tiempos en calma.

Con el miedo pintado en tus elucubraciones solitarias, apoyándose

en la suficiencia inconsciente de mi “experiencia” antigua,

decidimos embarcarnos en una aventura que creíamos con alma espiritual

y a la postre resultó ser más humana de lo que nos propusimos y menos divina

de lo que pretendíamos en un principio… En el medio siempre nos quedará la duda

de si aquello, verdaderamente mereció la pena. Y sin embargo ahí está, en el mundo de lo

real, aquello que un día solo fue idea pensada, retenida en la cabeza, empujando con fuerza

por salir de ella, sin saber cómo, ni cuando, ni por qué…ni siquiera para qué.

Como este verso, que se ha transformado poco a poco en prosa, que es en la estructura que mejor nos hemos entendido.

Y sin embargo en el fondo, como la dulzura escondida en los deliciosos pasteles rellenos, es donde está lo verdaderamente hermoso: una amistad que perdurará más allá de los tiempos.

Ese es nuestro mejor verso.

OJOS DE HIELO

la luna estrella

Ojos de hielo

 

De mirar las madrugadas
buscando un solo lucero
 se le volvieron ojos
fríos como bloques de hielo.
 
 La noche lloraba estrellas
en aquellos ojos ciegos
cataratas de luz tenue
torrentes de rayos tiernos
 
de una luna de verano
iluminado silencios
azules por los sembrados,
azules por los senderos
 
Pero los ojos buscaban
más allá del universo
 un lucero de brillantes
que iluminara su miedo.
 
Cataratas de amargura
alumbran noches de perros
rompiendo con sus ladridos
los corazones deshechos
 
 por una pena que el alma
va sembrando por los cerros.
 La noche sigue llorando
lágrimas de oscuros miedo.
 
Los cascos de los caballos
aporrean los sentimientos
lejanos y melancólicos,
 negros de malos deseos,
 
rompiendo con sus tambores
la noche de los silencios,
mientras la luna ocultaba
entre las nubes sus miedos.
 
 Los ojos tristes la miran
 fríos como bloques de hielo.
El lucero que buscaba
se ha vuelto de color negro.

COPYRAIG

(Derechos de autor)

Palabras del amor viejo

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Palabras del  amor viejo

 

 

¿Cuánto tiempo, amor, hace que no amamos?

Estamos juntos, pero nuestro corazón

está inactivo, impermeable

ajado, fosilizado

como si fuera un corazón de cuarzo,

 sin brillos nuevos.

 

 ¿Cuánto tiempo hemos estados juntos

sin que nuestras miradas se  cruzaran,

sin que nuestros labios labraran

ansias de caricia palpitante?

 

La fuente del deseo carnal se secó

una mañana;

se secaron aquellos efluvios de sangres embravecidas

se marchitó nuestra flor azul,

se rompieron los cangilones de agua fresca

de nuestras almas enardecidas,

que regaban intensas primaveras carnales;

los tactos, los besos, las caricias

cuyas sensaciones inexplicables desempolvan la piel.

 

Cuánto tiempo de placer reprimido,

sin hacer de la última noche

el argumento para vivir intensamente

el día siguiente,

bebiendo hasta la última gota del amor

con salvaje complacencia animal.

 

Solo quedan, en ti, corazón cansado,

la efímera presunción del minotauro

que hace revivir la irrealidad

del fulgor perdido de tu cuerpo,

y las elucubraciones aventureras del espíritu nostálgico.

 

La ausencia de las horas antiguas,

fácilmente gozadas,

te reduce a la expresión de un  silencio,

al renacer de unas transparencias

cada vez más quebradas,

a una dosis generosa de paciencia para morir.

Manuel Pablos

                                                                    (Derechos de autor)